EL SWEET

EL SWEET

– Envido -dijo el Yaguareté-.

– Falta envido y truco – contestó el Oso Hormiguero- y agregó – quiero ver ¡Quiero veeeeeeeer! – al darse cuenta de que el Guepardo había dudado.

– Paso el primero y voy al segundo – dijo el felino y tiro un cuatro de copas. El Oso Hormiguero mató con un ancho, tiró el siete de oro y esperó.

El Yaguareté puso el siete de espadas sobre el tronco que hacía de mesa, y por la expresión de su cara se notó que era la única carta que había ligado. El Oso Hormiguero también se dio cuenta y ya relamiéndose por el triunfo que iba a obtener volvió a gritar:

– ¡Truco, dije, truco…! Esto está más pensado que partida de ajedrez,

– ¡Truco, dije trucoooooooooo! – Repitió.

El Yaguareté resignado tiró el dos de basto, se cruzó de brazos y se dispuso a escuchar el final de la partida que presentía- iba a ser más o menos así.

– El señor termina de tirar un dos de basto, -dijo socarronamente el Oso Hormiguero- y preguntó en voz alta ¿Quién tiene la carta que mata a esa carta que está indefensa sobre la mesa…?

Y justo antes de que el Oso Hormiguero consumara su acto una voz lo interrumpió diciendo:

– No sé si la carta, pero el que tiene el arma que mata todo lo que hay sobre la mesa y alrededor de ella soy yo, – dijo el cazador.

El macho cayó sobre la mesa decretando el final de la partida.

– Bueno dijo el Cazador- despacito y con las manos sobre la cabeza se me van yendo cada uno para su casa, menos vos Yaguareté, con vos tengo que discutir unos asuntos de negocios.

– ¿Queeeee, que, que, quequeque, nene, nene, negocios? – Preguntó el Yaguareté tartamudeando.

– Sobre unos tapados y unas carteras… esas cosas – dijo el Cazador.

– De ninguna manera, primero vamos a jugar una partida de truco, usted y yo… bueno… suponiendo que no tiene miedo. – Añadió despectivamente el Oso Hormiguero.

– ¿Miedo yo? ¿Quién tiene el arma? – Dijo el Cazador aceptando.

– Bueno, pero si lo vamos a hacer hagámoslo bien – dijo el Oso.

– Vos Monito, presentá la partida.

El Monito, que se había colocado una mariposa negra en el cuello a modo de moño, parándose solemnemente sobre el tronco gritó:

– En este rincóoooooon, oriundo de este monte chaqueño y en defensa del prestigio del mismo, el Oso Hormigueroooooooooooooooo ¡Fuerte ese aplauso!!!

– ¡Ehhhhhhhhh! ¡Bravo! ¡Ídolo! – Se escuchó desde la improvisada platea.

– Y en este rincón, ¡El retadooooooorrrrr! ¡El señor Cazadoooooor! Llegado directamente de la gran ciudad para este match.

– ¡Fuiiiiiiiiii, fuira bicho, uhhhhhhhhh! Rugió la tribuna.

– ¡Bueno basta! – gritó el Cazador levantándose de su asiento y tirando un tiro de escopeta al aire, que le silbó en la oreja al Loro e hizo desmayar del susto al Yacaré.

– El silencio fue fantasmal, y cuentan que en los primeros movimientos de la partida – mientras se repartían las cartas – se podía escuchar desde muy lejos el sonido de éstas deslizándose por el tronco.

Le tocó dar al Cazador, juntó sus cartas y dijo:

– A una mano.- Y añadió: – Escucho.

– Todo muy lindo – dijo el Oso pero… pero…

– ¿Pero qué? Dijo el Cazador.

– Juguemos por algo, algo que duela – añadió.

– Bueno, de acuerdo.- Dijo el cazador. – Si ganás dejo libre al Yaguareté y si perdés te llevo. Es una cosa que duele ¿no?

– Sí, – dijo el Oso- y orejeó sus cartas. Los que estaban atrás sonrieron para adentro, el peludo animal, había ligado, tenía un seis de espadas, el siete de espadas y el macho. Era imposible que perdiera.

– Escucho – volvió a decir el cazador- y el Oso muy calladito tiró el seis de espadas.

– Lo quiere hacer picar pensaron todos.

– Envido – dijo el Cazador.

– No quiero – contestó el Oso, y todos se miraron.

– Truco entonces – dijo el Cazador, y nuevamente el Oso dijo muy rápido:

– No quiero dando con eso por concluida y por perdida la partida.

– En fin -dijo el cazador- pensé que iba a ser más difícil pero bueno, así son las cosas. Ahora además de cartera y abrigo voy a tener una alfombra de Oso Hormiguero.

Todos los presentes tragaron saliva por el miedo y se fueron. En el claro del bosque, sólo quedaron cazadores y cazados, frente a frente.

El Yaguareté miró al Oso Hormiguero, y se le cayó una lágrima. El Oso Hormiguero miró al Yaguareté y le guiñó un ojo, y despacito, muy despacito, le dijo:

– Cuando yo diga “Ahora”, vos corré.

El Cazador les apuntó y preguntó:

– Hay algo que quieran hacer antes de… bueno, ustedes saben…

– Si -dijo el Hormiguero- quisiera comer un caramelo.

– Bueno -dijo el cazador-. El Oso Hormiguero metió la mano en el bolsillo de su piel y sacó una bochita oscura, la miró y se la metió en la boca…

– Hummmmm ¡Qué delicia! – dijo.

– ¿Tan rico está? – Preguntó el Cazador.

– ¿Quiere uno? Le preguntó el Oso.

– Y bueno – dijo el Cazador.

Entonces el Hormiguero sacó otra bolita oscura de su bolsillo, se la tiró al Cazador y cuando éste la tomó entre sus manos la bolita se desarmó en miles de hormigas coloradas que comenzaron a subírsele por los brazos, el cuello, la cara, el pelo, por todos lados. El Oso Hormiguero gritó:

– ¡Corré! – Y los dos desaparecieron en el monte frondoso y pararon recién a muchísimos metros de allí a tomar aire y a escuchar los gritos del Cazador tratando de sacarse de encima a las hormigas.

El Yaguareté le dio la mano al Oso, y se despidieron hasta la próxima partida.

Esto ocurrió un 20 de julio de hace muchísimos años, por ahí dicen que el día del amigo se festeja por la llegada del hombre a la luna, por ahí dicen que el día del amigo se festeja por la valentía del Oso Hormiguero que arriesgó su vida por el Yagaureté. Quién sabe.

AUTORA: INES BERARDO

6to Grado “B”

DIARIO DIGITAL COLEGIO LA MERCED

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