LA LECCIÓN QUE OBTUVO JUMPI

La lección que obtuvo Jumpi

Había una vez un conejito llamado Jumpi. Resulta que a el le encantaban los postres, en el chocolate. Su mamá, que era cocinera, los preparaba muy bien, y a veces se robaba chocolates y tortas de la pastelería de su mamá.
Un día, su abuela lo encontró acabándose una caja entera de bombones, y enseguida fue a avisarle a la mamá de Jumpi.
La madre, muy furiosa, trató de relajarse y pensar una idea para que Jumpi dejara de comer chocolates y tortas y caramelos y… bueno, Jumpi comía muchas cosas.
Entonces, después de tanto pensar, se le ocurrió una idea.
En la puerta de su pastelería, ella colocaría unas barras de madera -que compraba en la carpintería del castor- cada vez que Jumpi se comiera otro postre. Así, cada vez entrará menos, y pensará que estará más gordo que antes y empezará a cuidarse.

Bueno, empezó su plan. Cada vez que Jumpi se comía algo, la madre sin que la vieran clavaba un par de barras de madera en la puerta.

El plan siguió y siguió hasta que un día Jumpi ya no podía pasar más por la puerta, y se quedó atascado.

Jumpi gritaba tan fuerte que despertó a su abuela, y cuando su mamá lo escucho gritar así ya sabía lo que sucedía.
– ¿Qué te pasó, hijo?- la mamá de Jumpi con cara sonriente cuando llagó a su pastelería.
– ¡Me quedé atascado, mamá!¡Me parece que fue por que me comí muchos dulces!-
– Sí, por eso pasó esto Jumpi. Muchos dulces hacen mal.
– ¡esta bien, mami! ¡pero sácame de aquí!

Autora: Florencia Masino 5to «A»

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