Historia de una primavera helada

 Historia de una primavera helada

 

Hace mucho tiempo, casi ya no recuerdo el lugar, pero no me olvido de sus olores a flores cuando comenzaba a despuntar la primavera, de los ruidos de las fabricas, el silbato del tren al pasar, todo eso sigue presente en mi mente, tan presente como si fuera ahora que está ocurriendo, fue aquí en donde nació, justamente para esta estación mi vecinita, Miqui.

El día que anunciaron su llegada fue todo un acontecimiento en el barrio, por fin había llegado y como su familia estaba en una excelente posición económica, los regalos y demás no tardaron en llegar, sin embargo ese mismo día, tan cercano de la primavera, nevó era tan extraño, nadie podía creerlo, siempre pensé que eso le anunciaba a Miqui la vida que le esperaba.

Cuando salen del sanatorio, la beba y su mamá, fueron directo a la casa de la abuela, de la cual yo era vecino; Trepado en un banquito no dejaba de observar, ni por un instante todos los movimientos de la familia; Para mi asombro al llegar la noche vi partir el matrimonio pero sin su hija: No podía sacarme la imagen de la cabeza, con mis cortos cuatro años pensaba lo peor, esa noche no pude dormir, miles de ideas macabras perturbaban  mi mente.

 Las preguntas iban y venían en mi mentecita de niño, estaba aterrado.

Al día siguiente me levante muy temprano y corrí hacia la ventana a ver si podía encontrar alguna repuesta, pero para mi asombro, entre medio de la nieve, observé la figura de los nuevos padres que entraban en la casona del frente, la mujer me vio en la ventana y me saludó amablemente.

Cuando mamá advirtió mi presencia en la ventana, ya era demasiado tarde, un estruendoso timbrazo nos sobresaltó; de pronto escuché a mamá que decía: Leonardo dice si quieres ir a conocer a Miqui; Mi corazón latía muy fuerte la niña estaba viva, por fin todos los fantasmas de la noche anterior habían desaparecido. Asentí con la cabeza en un gesto afirmativo.

Al ratito estaba cruzando la calle e ingresando en la casa más triste del barrio, siempre me había parecido tan fría, tan oscura, casi igual como eran sus habitantes; al entrar encontré un gran ambiente, muy cómoda de colores vivos, lo seguía una amplia cocina, esta era toda de color celeste pastel, con cerámicos floreados, pensé en un momento que estaba en otro lado, que no era la casa triste que todos temíamos, haciendo un pequeño codito encontramos una amplia habitación, en ella había una cama una cómoda una mesita de luz, un gran cortinado blanco cubría la ventana, por último un canasto grande todo lleno de tules blancos con moños; para que pudiera ver la señora me alzó y con un tono muy amable me dijo al oído: “Esta es Miqui, esta dormida, viste que pequeña que es?”. No podía salir de mi asombro era más bonita de lo que me imaginaba, su cara redondita, sus ojitos y manitos tan chiquitas, debo reconocer que me daba impresión.

Sin darme cuenta ya estaba de regreso en mi casa; todo eso había perturbado mi vida, algo en mí era distinto, no sabía que, entonces sentí unas ganas locas de ponerme a llorar, corrí hasta donde estaba mi madre la abrasé muy fuerte, mientras mis lágrimas me mojaban toda mi cara; advirtiendo esto, me tomó en sus brazos y, como presintiendo algo, me dijo: “ No llores amor, ella va a estar bien”.

El tiempo pasaba tan rápido que no me daba cuenta, que dejaran a mi vecinita todas las noches con su abuela y su tía soltera se había hecho costumbre.

Tanto tiempo pasó sin que me diera cuenta, que cuando quise reaccionar me había convertido en el mejor amigo de la pequeña, la diferencia de edad no parecía existir entre nosotros.

Ella estaba cada día más linda pero cada vez más triste, sus días pasaban con una madre que era una visita, y un padre que ni siquiera eso llegaba a ser, por las noches pensaba que habría sido de mí si me hubiera tocado semejante cosa.

Los cumpleaños eran los más aburridos; solo los grandes y yo.

Un día me animé y le pregunté: “Por que estas siempre tan triste? Tienes todo lo que quieres, cuanto se te antoja te lo dan, cual es le motivo?. Ella con un millar de lágrimas en los ojos me respondió: vos tenes una mamá que te abraza, que te tapa por las noches, te da besos y ahorra todo el año para hacerte tu fiesta de cumpleaños, yo no tengo nada de eso, vivo con mi abuela y con mi tía, no les importo, son fríos tan fríos como esta casa

No pude responder a lo que me acababa de contar mi amiga, yo en el fondo sabía, lo había presentido desde un principio que no iba a ser feliz, mi mamá también.

Comprendí entonces que todo el dinero no compraba la felicidad, en mi cabeza no entraba como podía ser alguien infeliz con tanto a su alrededor, pero ella me demostraba en cada mirada el dolor de la indiferencia, de la falta de amor, comprendí en ese instante de mi corta vida que lo más importante, el tesoro más grande de un niño es el amor de sus padres.

 Papá venia siempre de trabajar pero sé sabia acostar en nuestro cuarto, que compartíamos entre tres, a ver un ratito televisión con nosotros. Mamá trabajaba duro todo el año solo para nosotros, por ahí se ponía a cantar o a bailar con alguno de nosotros, o nos llevaba al cine todos en patotas, nos bañaba, nos ponía las ropitas nuevas, nos perfumaba y salíamos, recuerdo que nos sentíamos ricos, felices, en mis ojos siempre hubo tranquilidad, paz, amor.

Unos años mas tarde me entere que iban a vender la casona, la abuela de Miqui había muerto, la iban a llevar lejos de allí, “quizás nunca mas la vuelva a ver”, pensaba. Le pregunte por que vendían la casa y muy triste me respondió que era por problemas familiares, sus padres habían quebrado, tenían que venderla para tener dinero.

La hora de despedirnos llegó tan pronto que no lo podíamos creer.

Hoy estoy acá recordándola, me comentaron que sé había ido a estudiar a otra ciudad, que su mirada nunca cambió, seguía conservando el frío de la nevada del día en el que vino al mundo. Cada vez que llega la primavera y con ella los olores la recuerdo con tanta tristeza, con melancolía, con dolor, me pregunto dónde estará…                                    

Autor: Leonel Dagatti

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