NOTICIAS MALVINAS

Domingo, 10 de Junio de 2007|Hoy

Declaración de Roberto Bendini sobre la guerra y el cruce del gobierno con la iglesia

“Malvinas hizo rescatar el espíritu y la conciencia nacional”

El jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, reivindicó hoy la Guerra de Malvinas, al afirmar que en aquel entonces “había llegado el momento de hacer justicia” ante “un reclamo que surgía de todos los argentinos”. Sobre el nuevo cruce entre la Iglesia y el Gobierno, dijo que hay que “cicatrizar heridas” del pasado y “buscar el encuentro de todos los argentinos”.

El jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, sobre la guerra de Malvinas destacó que “con gran decisión y entusiasmo, sin distinción de jerarquías, había que luchar por un reclamo que surgía de todos los argentinos y que había llegado el momento de hacer justicia”.

Se refirió así al 2 de abril de 1982, cuando las tropas argentinas irrumpieron en las islas, durante el gobierno de facto de Leopoldo Galtieri, con el objetivo de recuperar el territorio usurpado desde el 3 de enero de 1833, conflicto que terminó con un millar de muertos, 700 de ellos argentinos.

En la jornada que celebra la “Reafirmación de los Derechos Soberanos sobre las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur”, el titular del arma destacó aquel conflicto como “uno de los grandes momentos de la historia argentina” ya que los soldados “pelearon con honor, grandeza y desinterés” pese al resultado adverso.

En el acto celebrado esta mañana en el Campo de Espejo del Colegio Militar de la Nación, ubicado en Aviador Benjamín Matienzo y Ruta 201, de la localidad de El Palomar, participaron veteranos de guerra del Ejército de los distintos puntos del país.

Bendini exaltó que “hoy como ayer, quizás no tengamos los recursos para cumplir con nuestra misión, pero nos sobra el compromiso, el coraje y la decisión para defender lo que nos pertenece”, ante unos 5 mil efectivos, en el marco del 25 aniversario de la guerra contra el Reino Unido.

“Si bien nos duele, debemos expresar que no importa el resultado del combate, lo que debemos rescatar es que la gesta de Malvinas hizo rescatar el espíritu y la conciencia nacional de todos los argentinos”, sostuvo el alto militar.

En el homenaje a los veteranos de Malvinas, quienes desfilaron en el predio castrense, Bendini destacó que “se sobrepusieron con entereza a la ingratitud y luchan por el reconocimiento”, luego de haber combatido en las islas.

En la guerra, sentenció Bendini, “quedó demostrado el coraje, valor, espíritu de sacrificio y entrega de todos los bravos soldados de las Fuerzas Armadas”.

“El espíritu del ejército sanmartiniano continúa latiendo en el alma y el corazón y de cada soldado argentino”, añadió.

Los soldados, en 1982, llegaron “más allá de lo que las posibilidades permitían” por lo que “su sacrificio no fue en vano” y son “héroes inmortales de nuestra patria grande”, exaltó Bendini.

FUENTE: PÁGINA/12

NOTICIA MALVINAS

Malvinas: a 26 años
Hoy se cumplen 25 años de una acción militar que llenó de entusiasmo y pasión a los argentinos durante 72 días de 1982, pero que por su imprevisión y cálculos errados provocó 649 muertos en forma directa, un número todavía mayor en la posguerra y un gran retroceso diplomático en el reclamo de soberanía sobre una parte del territorio nacional.

 

El 2 de Abril de 1982, el día del desembarco argentino en las islas Malvinas, comenzó en realidad la mañana del 28 de marzo, con la partida de una flota de mar que fingió un ejercicio militar en el océano y se dirigió al archipiélago austral.

Pero eran tiempos de tormentas y las naves que debían arribar a las islas el 1º de abril se retrasaron un día por las inclemencias climáticas, mientras en el centro de Buenos Aires, una manifestación convocada por la CGT fue ferozmente reprimida con heridos y detenidos en la tarde del 28 de marzo en los alrededores de la Plaza de Mayo.

La dictadura militar había perdido su rumbo y los resultados esperados a seis años del golpe del 24 de marzo de 1976 eran magros y oscuros: la recuperación de las islas fue concebida como una salida a esa crisis interna.

En la madrugada del 28, una fuerza de desembarco de 911 hombres inició en Puerto Belgrano, la mayoría sin saberlo, la “Operación Virgen del Rosario”, que debería devolver al archipiélago de las islas irredentas a la soberanía argentina.

El 30, avisado por los satélites norteamericanos, el gobierno inglés advirtió la maniobra militar y ordenó al gobernador de Malvinas, Rex Hunt, que organice la defensa de la capital con los 68 marines que componían las tropas coloniales, y en simultáneo inició una campaña de denuncia internacional para detener los acontecimientos.

El desembarco

A las 21 del 1 de abril, 92 buzos tácticos bajaron del destructor Santísima Trinidad y desembarcaron a 4 kilómetros al sur de la capital, todavía llamada Port Stanley (Puerto Argentino). Una decena de buzos más ascendieron a la superficie desde el submarino Santa Fe para poner balizas y orientar el acceso a tierra, pero la nave fue detectada y tiroteada.

Las primeras tropas se dividieron en dos grupos: uno se dirigió al núcleo de las barracas de la infantería de marina inglesa y el otro, comandado por el capitán Pedro Giachino, apuró el paso hacia la residencia del gobernador.

El primer grupo tiroteó los barracones que debían contener a los soldados, pero nadie respondió: los británicos ya no estaban allí, sino en disposición de batalla en otros accesos. Poco antes de las 6, el segundo grupo arribó a la casa del gobernador y buscó ingresar por una puerta trasera, justo donde se encontraban esperando marines, que dispararon sus armas. Las tropas argentinas tenían órdenes de no provocar muertos, para evitar consecuencias negativas ante la opinión pública mundial.

El fuego de los británicos hirió de gravedad a Giachino, el segundo comandante del Batallón de Infantería de Marina, al teniente Diego García y al cabo Ernesto Urbina. Con las horas, Giachino se convirtió en el único militar muerto durante la toma de las islas.

Con las primeras luces, más tropas, ahora motorizadas, llegaron a la costa y se dirigieron al aeropuerto, en desuso por una multitud de obstáculos, y al faro apagado intencionalmente: se produjeron nuevos tiroteos y algunos equipos militares quedaron fuera de servicio.

La toma

A las 8.30, el gobernador Hunt se reunió con el jefe militar británico en la isla sobre el curso de la batalla y tomó conciencia de la situación: los militares argentinos seguían bajando a tierra, y los marines quedaban cercados, sin posibilidades de resistir.

A las 9.30, el gobernador convocó a un argentino que vivía en la capital para que intercediera ante el contraalmirante Carlos Busser, jefe de las tropas argentinas, y momentos después, rindió las tropas coloniales.

En la Argentina continental, un comunicado oficial de la Junta Militar anunció la toma del archipiélago, los medios de comunicación se agitaron, aparecieron ediciones especiales de los diarios y la noticia pasó de la sorpresa a la alegría y hasta euforia, que hizo estallar el silencio obligado de tantos años de dictadura.

En Londres, la premier Margaret Thatcher rompió relaciones diplomáticas con Argentina y expulsó a los representantes del país, promovió una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, advirtió que resistiría con naves de guerra que ya estaban en el Atlántico Sur y otras que se movilizaron desde Gibraltar.

El mandatario norteamericano Ronald Reagan levantó el teléfono desde Washington para una comunicación personal con el presidente argentino, el general Leopoldo Galtieri, y trató de persuadirlo para que evite hostilidades con el Reino Unido.

La euforia

Desde el gobierno militar se estimuló una convocatoria masiva al centro de la ciudad para celebrar la toma y la Plaza de Mayo se llenó de una multitud entusiasta. Alimentado por la euforia de la concentración, Galtieri salió al balcón de la Casa de Gobierno y se comprometió a usar todos los recursos para defender la conquista.

En la planificación inicial se había aconsejado un retiro de tropas para mostrar buena fe y espíritu de negociación, pero las palabras del general avanzaron tanto, que ya no le fue posible volver. La suerte quedó echada.

El diario Crónica de la Capital publicó el mismo día la opinión de dos futuros presidentes: Raúl Alfonsín (1983-1989) y Carlos Menem (1989-1999). Alfonsín dijo: “Es una reivindicación histórica que tiene el asentimiento y la unanimidad de los argentinos”. En tanto, Carlos Menem sostuvo que “las FF. AA. se hicieron eco del clamor popular y siguieron los lineamientos del reclamo: recuperar las Islas e izar el pabellón celeste y blanco”, aunque agregó: “éste es el camino propicio para que el pueblo argentino recupere su total soberanía a través de la institucionalización democrática que establece la Constitución Nacional “.

El 2 de Abril marcó uno de los momentos picos de la euforia colectiva nacional, pero sólo duraría 70 días. Concebida como una tabla de salvación por el régimen militar, la guerra de Malvinas se convertiría en su tumba.

“Llegué con 72 kg y volví con 56”

Hace aproximadamente veinticinco años, las cosas eran muy distintas para Sergio Busciemi. Hacía poco tiempo que con sus compañeros de conscripción habían terminado la instrucción militar y acababan de recibir la noticia de que serían trasladados al sur argentino, desde donde -asegura- fueron uno de los primeros grupos en cruzar a las islas, el 23 de abril de 1982. “Fui a Malvinas con el Regimiento de Infantería 12 General Arenales de Mercedes, Corrientes; llegué con 72 kilogramos y volví con 56”, rememora. A 25 años, lo primero que le viene a la mente es el recuerdo de sus camaradas y el de haber ido allá “con una fuerte y terrible convicción de patriotismo, porque la misma juventud te llevaba a elevar esa euforia. En cambio, cuando volví lo hice con bronca, porque nos trajeron por la puerta de atrás, a escondidas. Nos no dejaron ver a nadie, ni hablar con nadie… y no veníamos de un baile, veníamos de la guerra, de pelear por nuestro país”.

Buscemi relató que su grupo participó abiertamente en los combates en Bahía San Carlos y en Puerto Darwin. “En San Carlos estuvimos armando la cabeza de playa, mientras que en Darwin combatimos hasta ser tomados prisioneros”.

“Si me preguntan qué se siente cuando te toca enfrentar con el enemigo, digo que, realmente, en lo único que se piensa es en la familia”, acotó. “Yo me dije: `que sea lo que Dios quiera’; después luché con lo que pude y hasta donde pude”.

“Nosotros no éramos militares, pero sabíamos lo que teníamos que hacer; eso ni lo dudábamos; por eso mismo pudimos defender dos días y medio Darwin; después, `los grandes estrategas’ (expresión con la que involucra a las jerarquías militares más altas) no nos dieron las municiones suficientes para seguir. Quizás fue para mejor, porque si hubiésemos tenido más municiones habrían existido más muertes de ambos lados”.

Cerca de la muerte

“La espera del enemigo se vivió con mucha tensión; salíamos a hacer patrullas siempre con el temor o la desconfianza de encontrarnos con ellos; sabíamos que ellos tenían equipos para andar en el frío, así que por ahí te podían salir por entre medio de las rías, aunque no tuvimos esos encuentros”, añadió Buscemi.

“En mi caso, el combate cuerpo a cuerpo no se dio; yo tiraba con un cañón 105, porque era de la Sección Comandos Apoyo de Combate; tirábamos a coordenadas y después, con un FAP de reglaje que era el que tenía el cañón; tiré las cinco balas que había y después tiré con el fusil, porque no tenía otra cosa.

“Yo no los vi cara a cara, ni a los gurkas (los nepaleses, de los que tantos se habló), ni a los ingleses; los vi cara a cara cuando tuve que entregar mis armas, que es algo de lo cual no voy a olvidarme jamás, porque es algo que te marca para siempre”, recordó. Sin olvidar que antes de `devolverlos’ a nuestro país, los británicos los tuvieron unos días como prisioneros de guerra en las islas, en galpones para ovejas.

Las secuelas

“Cuando a uno le toca estar cerca de la muerte, los valores y la visión de la realidad son otros. Por eso, la cuestión de los suicidios está relacionada con las secuelas de la guerra”, sostuvo Busciemi.

“Esas secuelas las tenemos todos; algunos las sobrellevamos de alguna forma y otros de otra; yo aprendí a vivir con mis cosas -a las que algunos le dicen traumas-, porque me aboqué a mis amigos, a mi familia, y de esa forma lo fui canalizando y lo superé; por eso creo que teniendo fuerza de voluntad lo podés superar; no sé si te vas a curar, pero si lo podés superar”, agregó.

El desafío de los veteranos

Además de tratar de mantener viva la memoria y el compromiso por la recuperación de las islas -desafío al que llaman “malvinizar”-, el Centro de Ex Combatientes de Malvinas se ocupa de la contención de los veteranos. Según lo explican Arturo Cambronero y Adolfo Schweighofer, presidente y secretario de la institución, “después del ’82 empezamos a reunirnos para ver cuál era la problemática. En los últimos años se logró una pensión y la obra social -una de las pioneras en el país-, pero tenemos un 60 ó 70 % de desempleo, en algunos casos de muchachos que trabajaban en empresas privadas y han cerrado.

“El gobierno sacó leyes y han ingresado veteranos a trabajar en la repartición pública, pero no alcanza. Hoy casi todos cuentan con más de 45 años de edad, y muchos tienen problemas de salud. Los muchachos que estuvieron en las islas y pasaron frío, están teniendo secuelas. Nuestro centro ha contratado a un psicólogo para hacerles una evaluación a los muchachos que quieran. En Santa Fe hay 130 veteranos socios y tenemos casi 90 que han pasado por el psicólogo. Estamos mandando todo eso a la Fuerza para que vean cómo están.

Sergio Busciemi agregó que se trata de “trabajar todos juntos, para que el veterano de guerra que se sienta orgulloso de haberlo sido”. Además, “tenemos un voluntariado nacional y eso nos mantiene muy ocupados, porque nos sentimos útiles, como cuando ayudamos en la catástrofe hídrica. Esa es la mejor terapia que tenemos, porque cuando hablamos de abandono, es porque estábamos como excluidos”.

800

En la provincia hay 800 veteranos y 62 caídos, de los cuales 56 nacieron en la provincia y 6 eran aviadores que estaban prestando servicios en Reconquista. Sólo del Crucero General Belgrano fueron 36 los caídos de la provincia y de ellos, 4 eran de esta ciudad.

De los 800 santafesinos que de una u otra manera participaron en la guerra, el 80 por ciento eran soldados conscriptos. El resto eran oficiales, suboficiales y civiles. En el continente hay poco más de 20 tumbas, de los 323 soldados que se hundieron con el Belgrano.

En primera persona

Actos y homenajes, calles y plazas con los nombres de quienes murieron en el sur, monumentos para perpetuar la memoria, charlas en las escuelas, discursos… Innumerables actividades se concentran cada año en los días previos al 2 de Abril. Para las 800 familias santafesinas que hace 25 años vieron partir a sus hijos, hermanos, esposos, novios y padres, y para los protagonistas de aquella historia -la mayoría conscriptos de menos de 20 años-, Malvinas se vive de distinta manera: con tristeza, con bronca, esperanza, resignación, en soledad, en actos públicos o en duelos privados.

Adolfo Schweighofer es secretario del Centro de ex Soldados Combatientes y en 1982, con 19 años, fue embarcado hacia el sur. “El 2 de abril llegamos a Malvinas. Después volvimos a Puerto Belgrano y el 15 de abril salimos y no regresamos hasta julio. El hundimiento del Belgrano nos sorprendió a 5 millas . El 3 de mayo rescatamos a casi 350 tripulantes en unas 40 balsas diseminadas en ese mar de 3.000 metros de profundidad, con un viento constante, donde la superficie casi nunca está tranquila, con un frío tremendo.

“El rescate de náufragos fue toda una experiencia. Ver a nuestros compañeros santafesinos que estaban en las balsas, la incertidumbre por aquellos que no salieron… En el Belgrano se murieron 323 compatriotas. Después se vio que los barcos no podían estar mucho en altamar porque los submarinos ingleses estaban en todos lados y nos quedamos en Ushuaia mucho tiempo, patrullando el Canal de Beagle y acompañando las situaciones que se daban en las islas”.

De Inglaterra a Malvinas

La historia de Mario Andino es distinta. Estaba haciendo la carrera militar y se embarcó como cabo primero, pero la noticia también lo tomó por sorpresa. “El 28 de marzo salimos a navegar pensando que íbamos en apoyo en las Georgias donde estaban desarmando las factorías. La sorpresa fue que el 30 nos avisaron que íbamos a recuperar las Malvinas. El operativo empezó el 1° de abril a las 9 de la noche frente a Puerto Argentino donde desembarcaron los comandos.

“Estuvimos unos días en las islas, luego volví al continente, luego otra vez a las islas. El 27 ó 28 de abril llegamos a Puerto Belgrano porque había que reabastecer el buque con mercadería y combustible.

“Luego nos tocó `hacer cortina’: yo estaba en un buque antiaéreo y teníamos que proteger para que los aviones no ataquen el continente. Estaba en uno de dos buques que se habían comprado a Inglaterra: uno se armó acá y otro allá. Yo estaba en el que se armó en el país y viajé en él a Inglaterra para hacerle afinamiento. Estuve allá todo el año ’81, el 21 de diciembre volví, me fui de vacaciones, en marzo volví a navegar y en abril fui al conflicto con el mismo buque. En Inglaterra amarrábamos juntos y jugábamos al fútbol con los muchachos del Hermes. Luego entramos en guerra”.

Fuente: El Litoral