NOTICIAS MALVINAS

Domingo, 10 de Junio de 2007|Hoy

Declaración de Roberto Bendini sobre la guerra y el cruce del gobierno con la iglesia

«Malvinas hizo rescatar el espíritu y la conciencia nacional»

El jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, reivindicó hoy la Guerra de Malvinas, al afirmar que en aquel entonces «había llegado el momento de hacer justicia» ante «un reclamo que surgía de todos los argentinos». Sobre el nuevo cruce entre la Iglesia y el Gobierno, dijo que hay que «cicatrizar heridas» del pasado y «buscar el encuentro de todos los argentinos».

El jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, sobre la guerra de Malvinas destacó que «con gran decisión y entusiasmo, sin distinción de jerarquías, había que luchar por un reclamo que surgía de todos los argentinos y que había llegado el momento de hacer justicia».

Se refirió así al 2 de abril de 1982, cuando las tropas argentinas irrumpieron en las islas, durante el gobierno de facto de Leopoldo Galtieri, con el objetivo de recuperar el territorio usurpado desde el 3 de enero de 1833, conflicto que terminó con un millar de muertos, 700 de ellos argentinos.

En la jornada que celebra la «Reafirmación de los Derechos Soberanos sobre las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur», el titular del arma destacó aquel conflicto como «uno de los grandes momentos de la historia argentina» ya que los soldados «pelearon con honor, grandeza y desinterés» pese al resultado adverso.

En el acto celebrado esta mañana en el Campo de Espejo del Colegio Militar de la Nación, ubicado en Aviador Benjamín Matienzo y Ruta 201, de la localidad de El Palomar, participaron veteranos de guerra del Ejército de los distintos puntos del país.

Bendini exaltó que «hoy como ayer, quizás no tengamos los recursos para cumplir con nuestra misión, pero nos sobra el compromiso, el coraje y la decisión para defender lo que nos pertenece», ante unos 5 mil efectivos, en el marco del 25 aniversario de la guerra contra el Reino Unido.

«Si bien nos duele, debemos expresar que no importa el resultado del combate, lo que debemos rescatar es que la gesta de Malvinas hizo rescatar el espíritu y la conciencia nacional de todos los argentinos», sostuvo el alto militar.

En el homenaje a los veteranos de Malvinas, quienes desfilaron en el predio castrense, Bendini destacó que «se sobrepusieron con entereza a la ingratitud y luchan por el reconocimiento», luego de haber combatido en las islas.

En la guerra, sentenció Bendini, «quedó demostrado el coraje, valor, espíritu de sacrificio y entrega de todos los bravos soldados de las Fuerzas Armadas».

«El espíritu del ejército sanmartiniano continúa latiendo en el alma y el corazón y de cada soldado argentino», añadió.

Los soldados, en 1982, llegaron «más allá de lo que las posibilidades permitían» por lo que «su sacrificio no fue en vano» y son «héroes inmortales de nuestra patria grande», exaltó Bendini.

FUENTE: PÁGINA/12

NOTICIA MALVINAS

Malvinas: a 26 años
Hoy se cumplen 25 años de una acción militar que llenó de entusiasmo y pasión a los argentinos durante 72 días de 1982, pero que por su imprevisión y cálculos errados provocó 649 muertos en forma directa, un número todavía mayor en la posguerra y un gran retroceso diplomático en el reclamo de soberanía sobre una parte del territorio nacional.

 

El 2 de Abril de 1982, el día del desembarco argentino en las islas Malvinas, comenzó en realidad la mañana del 28 de marzo, con la partida de una flota de mar que fingió un ejercicio militar en el océano y se dirigió al archipiélago austral.

Pero eran tiempos de tormentas y las naves que debían arribar a las islas el 1º de abril se retrasaron un día por las inclemencias climáticas, mientras en el centro de Buenos Aires, una manifestación convocada por la CGT fue ferozmente reprimida con heridos y detenidos en la tarde del 28 de marzo en los alrededores de la Plaza de Mayo.

La dictadura militar había perdido su rumbo y los resultados esperados a seis años del golpe del 24 de marzo de 1976 eran magros y oscuros: la recuperación de las islas fue concebida como una salida a esa crisis interna.

En la madrugada del 28, una fuerza de desembarco de 911 hombres inició en Puerto Belgrano, la mayoría sin saberlo, la «Operación Virgen del Rosario», que debería devolver al archipiélago de las islas irredentas a la soberanía argentina.

El 30, avisado por los satélites norteamericanos, el gobierno inglés advirtió la maniobra militar y ordenó al gobernador de Malvinas, Rex Hunt, que organice la defensa de la capital con los 68 marines que componían las tropas coloniales, y en simultáneo inició una campaña de denuncia internacional para detener los acontecimientos.

El desembarco

A las 21 del 1 de abril, 92 buzos tácticos bajaron del destructor Santísima Trinidad y desembarcaron a 4 kilómetros al sur de la capital, todavía llamada Port Stanley (Puerto Argentino). Una decena de buzos más ascendieron a la superficie desde el submarino Santa Fe para poner balizas y orientar el acceso a tierra, pero la nave fue detectada y tiroteada.

Las primeras tropas se dividieron en dos grupos: uno se dirigió al núcleo de las barracas de la infantería de marina inglesa y el otro, comandado por el capitán Pedro Giachino, apuró el paso hacia la residencia del gobernador.

El primer grupo tiroteó los barracones que debían contener a los soldados, pero nadie respondió: los británicos ya no estaban allí, sino en disposición de batalla en otros accesos. Poco antes de las 6, el segundo grupo arribó a la casa del gobernador y buscó ingresar por una puerta trasera, justo donde se encontraban esperando marines, que dispararon sus armas. Las tropas argentinas tenían órdenes de no provocar muertos, para evitar consecuencias negativas ante la opinión pública mundial.

El fuego de los británicos hirió de gravedad a Giachino, el segundo comandante del Batallón de Infantería de Marina, al teniente Diego García y al cabo Ernesto Urbina. Con las horas, Giachino se convirtió en el único militar muerto durante la toma de las islas.

Con las primeras luces, más tropas, ahora motorizadas, llegaron a la costa y se dirigieron al aeropuerto, en desuso por una multitud de obstáculos, y al faro apagado intencionalmente: se produjeron nuevos tiroteos y algunos equipos militares quedaron fuera de servicio.

La toma

A las 8.30, el gobernador Hunt se reunió con el jefe militar británico en la isla sobre el curso de la batalla y tomó conciencia de la situación: los militares argentinos seguían bajando a tierra, y los marines quedaban cercados, sin posibilidades de resistir.

A las 9.30, el gobernador convocó a un argentino que vivía en la capital para que intercediera ante el contraalmirante Carlos Busser, jefe de las tropas argentinas, y momentos después, rindió las tropas coloniales.

En la Argentina continental, un comunicado oficial de la Junta Militar anunció la toma del archipiélago, los medios de comunicación se agitaron, aparecieron ediciones especiales de los diarios y la noticia pasó de la sorpresa a la alegría y hasta euforia, que hizo estallar el silencio obligado de tantos años de dictadura.

En Londres, la premier Margaret Thatcher rompió relaciones diplomáticas con Argentina y expulsó a los representantes del país, promovió una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, advirtió que resistiría con naves de guerra que ya estaban en el Atlántico Sur y otras que se movilizaron desde Gibraltar.

El mandatario norteamericano Ronald Reagan levantó el teléfono desde Washington para una comunicación personal con el presidente argentino, el general Leopoldo Galtieri, y trató de persuadirlo para que evite hostilidades con el Reino Unido.

La euforia

Desde el gobierno militar se estimuló una convocatoria masiva al centro de la ciudad para celebrar la toma y la Plaza de Mayo se llenó de una multitud entusiasta. Alimentado por la euforia de la concentración, Galtieri salió al balcón de la Casa de Gobierno y se comprometió a usar todos los recursos para defender la conquista.

En la planificación inicial se había aconsejado un retiro de tropas para mostrar buena fe y espíritu de negociación, pero las palabras del general avanzaron tanto, que ya no le fue posible volver. La suerte quedó echada.

El diario Crónica de la Capital publicó el mismo día la opinión de dos futuros presidentes: Raúl Alfonsín (1983-1989) y Carlos Menem (1989-1999). Alfonsín dijo: «Es una reivindicación histórica que tiene el asentimiento y la unanimidad de los argentinos». En tanto, Carlos Menem sostuvo que «las FF. AA. se hicieron eco del clamor popular y siguieron los lineamientos del reclamo: recuperar las Islas e izar el pabellón celeste y blanco», aunque agregó: «éste es el camino propicio para que el pueblo argentino recupere su total soberanía a través de la institucionalización democrática que establece la Constitución Nacional «.

El 2 de Abril marcó uno de los momentos picos de la euforia colectiva nacional, pero sólo duraría 70 días. Concebida como una tabla de salvación por el régimen militar, la guerra de Malvinas se convertiría en su tumba.

«Llegué con 72 kg y volví con 56»

Hace aproximadamente veinticinco años, las cosas eran muy distintas para Sergio Busciemi. Hacía poco tiempo que con sus compañeros de conscripción habían terminado la instrucción militar y acababan de recibir la noticia de que serían trasladados al sur argentino, desde donde -asegura- fueron uno de los primeros grupos en cruzar a las islas, el 23 de abril de 1982. «Fui a Malvinas con el Regimiento de Infantería 12 General Arenales de Mercedes, Corrientes; llegué con 72 kilogramos y volví con 56», rememora. A 25 años, lo primero que le viene a la mente es el recuerdo de sus camaradas y el de haber ido allá «con una fuerte y terrible convicción de patriotismo, porque la misma juventud te llevaba a elevar esa euforia. En cambio, cuando volví lo hice con bronca, porque nos trajeron por la puerta de atrás, a escondidas. Nos no dejaron ver a nadie, ni hablar con nadie… y no veníamos de un baile, veníamos de la guerra, de pelear por nuestro país».

Buscemi relató que su grupo participó abiertamente en los combates en Bahía San Carlos y en Puerto Darwin. «En San Carlos estuvimos armando la cabeza de playa, mientras que en Darwin combatimos hasta ser tomados prisioneros».

«Si me preguntan qué se siente cuando te toca enfrentar con el enemigo, digo que, realmente, en lo único que se piensa es en la familia», acotó. «Yo me dije: `que sea lo que Dios quiera’; después luché con lo que pude y hasta donde pude».

«Nosotros no éramos militares, pero sabíamos lo que teníamos que hacer; eso ni lo dudábamos; por eso mismo pudimos defender dos días y medio Darwin; después, `los grandes estrategas’ (expresión con la que involucra a las jerarquías militares más altas) no nos dieron las municiones suficientes para seguir. Quizás fue para mejor, porque si hubiésemos tenido más municiones habrían existido más muertes de ambos lados».

Cerca de la muerte

«La espera del enemigo se vivió con mucha tensión; salíamos a hacer patrullas siempre con el temor o la desconfianza de encontrarnos con ellos; sabíamos que ellos tenían equipos para andar en el frío, así que por ahí te podían salir por entre medio de las rías, aunque no tuvimos esos encuentros», añadió Buscemi.

«En mi caso, el combate cuerpo a cuerpo no se dio; yo tiraba con un cañón 105, porque era de la Sección Comandos Apoyo de Combate; tirábamos a coordenadas y después, con un FAP de reglaje que era el que tenía el cañón; tiré las cinco balas que había y después tiré con el fusil, porque no tenía otra cosa.

«Yo no los vi cara a cara, ni a los gurkas (los nepaleses, de los que tantos se habló), ni a los ingleses; los vi cara a cara cuando tuve que entregar mis armas, que es algo de lo cual no voy a olvidarme jamás, porque es algo que te marca para siempre», recordó. Sin olvidar que antes de `devolverlos’ a nuestro país, los británicos los tuvieron unos días como prisioneros de guerra en las islas, en galpones para ovejas.

Las secuelas

«Cuando a uno le toca estar cerca de la muerte, los valores y la visión de la realidad son otros. Por eso, la cuestión de los suicidios está relacionada con las secuelas de la guerra», sostuvo Busciemi.

«Esas secuelas las tenemos todos; algunos las sobrellevamos de alguna forma y otros de otra; yo aprendí a vivir con mis cosas -a las que algunos le dicen traumas-, porque me aboqué a mis amigos, a mi familia, y de esa forma lo fui canalizando y lo superé; por eso creo que teniendo fuerza de voluntad lo podés superar; no sé si te vas a curar, pero si lo podés superar», agregó.

El desafío de los veteranos

Además de tratar de mantener viva la memoria y el compromiso por la recuperación de las islas -desafío al que llaman «malvinizar»-, el Centro de Ex Combatientes de Malvinas se ocupa de la contención de los veteranos. Según lo explican Arturo Cambronero y Adolfo Schweighofer, presidente y secretario de la institución, «después del ’82 empezamos a reunirnos para ver cuál era la problemática. En los últimos años se logró una pensión y la obra social -una de las pioneras en el país-, pero tenemos un 60 ó 70 % de desempleo, en algunos casos de muchachos que trabajaban en empresas privadas y han cerrado.

«El gobierno sacó leyes y han ingresado veteranos a trabajar en la repartición pública, pero no alcanza. Hoy casi todos cuentan con más de 45 años de edad, y muchos tienen problemas de salud. Los muchachos que estuvieron en las islas y pasaron frío, están teniendo secuelas. Nuestro centro ha contratado a un psicólogo para hacerles una evaluación a los muchachos que quieran. En Santa Fe hay 130 veteranos socios y tenemos casi 90 que han pasado por el psicólogo. Estamos mandando todo eso a la Fuerza para que vean cómo están.

Sergio Busciemi agregó que se trata de «trabajar todos juntos, para que el veterano de guerra que se sienta orgulloso de haberlo sido». Además, «tenemos un voluntariado nacional y eso nos mantiene muy ocupados, porque nos sentimos útiles, como cuando ayudamos en la catástrofe hídrica. Esa es la mejor terapia que tenemos, porque cuando hablamos de abandono, es porque estábamos como excluidos».

800

En la provincia hay 800 veteranos y 62 caídos, de los cuales 56 nacieron en la provincia y 6 eran aviadores que estaban prestando servicios en Reconquista. Sólo del Crucero General Belgrano fueron 36 los caídos de la provincia y de ellos, 4 eran de esta ciudad.

De los 800 santafesinos que de una u otra manera participaron en la guerra, el 80 por ciento eran soldados conscriptos. El resto eran oficiales, suboficiales y civiles. En el continente hay poco más de 20 tumbas, de los 323 soldados que se hundieron con el Belgrano.

En primera persona

Actos y homenajes, calles y plazas con los nombres de quienes murieron en el sur, monumentos para perpetuar la memoria, charlas en las escuelas, discursos… Innumerables actividades se concentran cada año en los días previos al 2 de Abril. Para las 800 familias santafesinas que hace 25 años vieron partir a sus hijos, hermanos, esposos, novios y padres, y para los protagonistas de aquella historia -la mayoría conscriptos de menos de 20 años-, Malvinas se vive de distinta manera: con tristeza, con bronca, esperanza, resignación, en soledad, en actos públicos o en duelos privados.

Adolfo Schweighofer es secretario del Centro de ex Soldados Combatientes y en 1982, con 19 años, fue embarcado hacia el sur. «El 2 de abril llegamos a Malvinas. Después volvimos a Puerto Belgrano y el 15 de abril salimos y no regresamos hasta julio. El hundimiento del Belgrano nos sorprendió a 5 millas . El 3 de mayo rescatamos a casi 350 tripulantes en unas 40 balsas diseminadas en ese mar de 3.000 metros de profundidad, con un viento constante, donde la superficie casi nunca está tranquila, con un frío tremendo.

«El rescate de náufragos fue toda una experiencia. Ver a nuestros compañeros santafesinos que estaban en las balsas, la incertidumbre por aquellos que no salieron… En el Belgrano se murieron 323 compatriotas. Después se vio que los barcos no podían estar mucho en altamar porque los submarinos ingleses estaban en todos lados y nos quedamos en Ushuaia mucho tiempo, patrullando el Canal de Beagle y acompañando las situaciones que se daban en las islas».

De Inglaterra a Malvinas

La historia de Mario Andino es distinta. Estaba haciendo la carrera militar y se embarcó como cabo primero, pero la noticia también lo tomó por sorpresa. «El 28 de marzo salimos a navegar pensando que íbamos en apoyo en las Georgias donde estaban desarmando las factorías. La sorpresa fue que el 30 nos avisaron que íbamos a recuperar las Malvinas. El operativo empezó el 1° de abril a las 9 de la noche frente a Puerto Argentino donde desembarcaron los comandos.

«Estuvimos unos días en las islas, luego volví al continente, luego otra vez a las islas. El 27 ó 28 de abril llegamos a Puerto Belgrano porque había que reabastecer el buque con mercadería y combustible.

«Luego nos tocó `hacer cortina’: yo estaba en un buque antiaéreo y teníamos que proteger para que los aviones no ataquen el continente. Estaba en uno de dos buques que se habían comprado a Inglaterra: uno se armó acá y otro allá. Yo estaba en el que se armó en el país y viajé en él a Inglaterra para hacerle afinamiento. Estuve allá todo el año ’81, el 21 de diciembre volví, me fui de vacaciones, en marzo volví a navegar y en abril fui al conflicto con el mismo buque. En Inglaterra amarrábamos juntos y jugábamos al fútbol con los muchachos del Hermes. Luego entramos en guerra».

Fuente: El Litoral

Información General sobre Malvinas

La guerra de Malvinas (1982)

INTRODUCCIÓN

Hace ya 21 años, el 2 de Abril de 1982, Argentina echaba a los ingleses de las Islas Malvinas.
Pocas semanas después, Londres envió una flota a recuperar el honor y las tierras, y lo logró tras una guerra breve y vertiginosa que terminó el 14 de Junio.
Las estadísticas dicen que en el conflicto combatieron más de 12000 argentinos que lo dieron todo y 700 no volvieron a casa.
Me parece importante resaltar que la Guerra de Malvinas fue la única guerra que libró la Argentina en el siglo XX.

HIPÓTESIS

• “¿Estábamos preparados para enfrentar una guerra?”….
• A pesar de la negatividad de la contienda, me atrevería a decir que…
“La Guerra de Malvinas fue en algún punto, positiva.”

DESARROLLO

BREVE CRONOLOGÍA DE LAS ISLAS MALVINAS.

Las islas figuran en los mapas cartográficos desde los años 1515-1520, antes del viaje de Magallanes.
Hacia 1527 las islas Malvinas fueron bautizadas como islas San Antón por el rey español Carlos I. por el Tratado de Tordesillas de 1494 las islas estaban dentro del ámbito geográfico español.
El inglés John Strong surcó en 1690, el estrecho de San Carlos. En 1701, los balleneros de Saint Maló difundieron la existencia de las islas, originando el nombre de Malouines (del que deriva Malvinas) con el que se las conoció en el siglo XVII, y actualmente.
Las islas permanecieron deshabitadas hasta 1764. En esa época Louis Antoine de Bougainville fundó Fort Royal o foro Saint Louis, en la bahía de la Anunciación.
En 1765, los ingleses establecieron una colonia, Puerto Egmont, en la isla Trinidad. España, que se consideraba soberana de la región, protestó ante Francia por la colonización logrando la restitución de Port Saint Louis que pasó a llamarse Puerto de Nuestra Señora de la Soledad. También se logró erradicar a los británicos quienes partieron definitivamente en 1774.
La creación del Virreinato del Río de la Plata (1776), mantuvo a las Malvinas bajo la jurisdicción de Buenos Aires.
A fines de 1820, el gobierno argentino tomó posesión efectiva de las Islas Malvinas que nos pertenecían por ser herencia española. El pabellón nacional argentino fue izado por primera vez el 6 de noviembre de 1820.
Argentina otorgó tierras a los ciudadanos Jorge Pacheco y Luis Vernet con el fin de que establecieran una colonia. Además, creó la Comandancia Política y Militar con asiento en Puerto Soledad y designó a su cargo a Luis Vernet.
En esa época, la fauna costera era objeto de una depredación irracional. El comandante Vernet dispuso medidas para frenar esa situación, ordenando la detención de tres barcos pesqueros estadounidenses. La reacción inusitada de Estados Unidos (saqueo de las poblaciones y captura de los habitantes), provocó un largo pleito.
Inglaterra aprovechó la situación conflictiva y envió sus fuerzas militares en la corbeta Clío, bajo el mando de Jhon Onslow.
El 2 de enero de 1833, en Puerto Soledad, se enarboló la bandera inglesa iniciándose así el largo periodo que Argentina considera una usurpación, razón por la cual, a lo largo de los años, no ha cesado de reclamar su soberanía.
Numerosas negociaciones se han llevado ha cabo desde entonces. La Argentina ha presentado ante Gran Bretaña, la ONU, OEA y varios organismos internacionales, continuos reclamos que exigen la inmediata devolución de las islas. Los argumentos presentados son de carácter histórico, geográfico y político: sin embargo Gran Bretaña se ha negado a admitir alguno de ellos.
En 1982 las tensiones desembocaron en un conflicto bélico que produjo profundos cambios en la región. El triste episodio culminó con el triunfo de Inglaterra que contó en todo momento con el apoyo de Estados Unidos y los países integrantes de la Comunidad Europea. La Republica Argentina se encontró aislada internacionalmente.
Después de casi una década de interrupción, se restablecieron las relaciones bilaterales entre los dos países, inaugurándose una nueva etapa en la disputa de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur.

¿POR QUÉ LAS MALVINAS SON ARGENTINAS?

Las Malvinas son Argentinas por las siguientes razones:

• Histórica:

• Geográfica:

• Jurídica:

• HISTORICA:

España fue la nación descubridora, por haber sido Esteban Gómez (miembro de la  expedición de Magallanes), el primero que las avistó.

• GEOGRAFICA:

* Se encuentran dentro de la zona otorgada a España por las bulas de Alejandro VI por  el Tratado de Tordesillas.
* Las islas se encuentran dentro de la plataforma submarina argentina, a una distancia de 346 Km. del continente, mientras que de Inglaterra están a 12000 Km.
* Pertenecen a la Patagonia argentina.
* El archipiélago figura en la cartografía de la época, no así en la inglesa.

• JURIDICA:

Al independizarnos heredamos de España los derechos sobre ellas, sin reclamaciones  por         parte de ningún país.


LAS RAZONES QUE LLEVARON A LA GUERRA.

A principios de 1982 el régimen militar, estaba llegando a su fin. El descontento popular por el deterioro de la situación económica y política, sumado el conocimiento sobre las violaciones de los derechos humanos que amparaba el régimen, llevaron a la Junta Militar a un callejón sin salida. Ante los resultados nefastos de la gestión, el régimen, entró en una crisis casi terminal.
La recuperación de la soberanía sobre las Islas Malvinas se convirtió en una de las preocupaciones centrales del gobierno militar encabezado por el General Leopoldo F. Galtieri, frente a la posibilidad de que Chile obtuviera el control de Canal de Beagle y Argentina perdiera presencia en el Atlántico Sur. Para ello comenzó, una ofensiva diplomática e irreflexible que duraría hasta el comienzo de la guerra.
Argentina se propuso reactivar las negociaciones y alcanzar algún tipo de acuerdo con Inglaterra sobre la soberanía de las Islas Malvinas.
En enero de 1982, la Junta militar decidió, retomar las negociaciones diplomáticas y emplear la fuerza armada en caso de fracaso de la primera opción. La operación militar prevista inicialmente era incruenta y consistía en el desembarco, la ocupación y el retiro inmediato de las islas. De este modo, los militares argentinos buscaban evitar una reacción del gobierno inglés y obligarlo a una negociación.
Sin embargo, una vez producido el desembarco, la Junta decidió no retirarse de las islas porque advirtió que la campaña militar por la recuperación de la soberanía sobre las Islas Malvinas podía generar importantes beneficios políticos internos, ya que los militares necesitaban realizar una acción espectacular que desviara la atención del publico del aumento de los conflictos sociales. La guerra de Malvinas, una causa de reivindicación nacional de largo tradición, les permitiría, además, conseguir el apoyo de amplios sectores sociales que ya comenzaban a mostrar su disconformidad y su oposición a la dictadura.
A principios de marzo, el gobierno militar argentino propuso al gobierno británico acelerar las negociaciones diplomáticas para “obtener una pronta solución”.
Los reclamos de la Argentina fueron adquiriendo un tono cada vez más agresivo.


EL EPISODIO DE LAS GEORGIAS, APARENTE DESENCADENANTE DEL CONFLICTO ARMADO.

Hacia fines de mayo de 1981, la empresa “Georgias del Sur”, en cumplimiento de un convenio firmado con Gran Bretaña, contrató un grupo de operarios argentinos con la misión de desmantelar una planta ballenera que se hallaba instalada en la Isla San Pedro (la mayor de las Georgias del Sur) ocupada al igual que las Malvinas y las Sándwich del Sur.
El 20 de marzo de 1982, Londres presentó una protesta considerando un hecho grave de desembarco del personal civil y militar, quienes habían izado la bandera Argentina y cambiado señales inglesas, y que además se habían escuchado disparos de armas de fuego. Esta actitud fue considerada por el gobierno británico como el primer paso de una invasión.
Como consecuencia, se llevaron a cabo los primeros movimientos de tropa de ambos países. Argentina envió varias unidades de la flota de guerra para prestar apoyo y proteger al citado grupo de ciudadanos, el gobierno ingles por su parte envió una embarcación militar para desalojar de inmediato al grupo de trabajadores que había “cometido actos contrarios a la soberanía británica en la región”. Este hecho hizo pensar al gobierno argentino que Gran Bretaña estaba utilizando esta oportunidad para reforzar su presencia militar en las islas.


LA OCUPACIÓN MILITAR DE LAS MALVINAS.

Durante la noche del 1º de abril de 1982 y la madrugada del viernes 2, parte de la flota argentina de mar operaba frente a las Islas Malvinas. Entretanto, la reducida dotación de británicos en la capital malvinense se desplegaba en actitud defensiva.
Esa misma noche se reunía el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a pedido de Gran Bretaña, que denunció “la inminente amenaza de invasión argentina a las islas”. La reacción argentina fue inmediata. Nuestro embajador denunció ante las Naciones Unidas la situación de grave tensión provocada arbitrariamente por Inglaterra en las Georgias.
A las 6.30 de la mañana del viernes 2 de abril, las Fuerzas Armadas argentinas (ejército, marina y aviación) desembarcaron en las Malvinas tomando posesión de Puerto Stanley, al que rebautizaron Puerto Argentino. Cabe aclarar aquí, que también los jóvenes argentinos que hacían el servicio militar fueron “embarcados y llevados” hacia el sur. Ellos no combatieron en la guerra porque tenían una carrera militar sino porque el servicio militar era entonces obligatorio.
Luego de algunos enfrentamientos en diversos lugares de la isla culminaron con la rendición del gobernador británico, así fue como la Fuerza Armada argentina levantó la bandera nacional.
Debido al exitoso resultado del operativo, el gobierno militar comunicó a la población que “la Republica, por intermedio de las Fuerzas Armadas, mediante la concreción de una excelentísima operación conjunta, ha recuperado las Islas Malvinas, Georgias y las Sándwich del Sur…”. La noticia fue anunciada al país por cadena oficial y generó una primera reacción de sorpresa generalizada.


DEL TRIUNFALISMO A LA DERROTA.

Como mencioné en el apartado que se refiere a la ocupación militar, con el episodio sucedido el 2 de abril, el gobierno y la población, creían que el triunfo estaba cerca.
Además, las autoridades militares argentinas siempre consideraron improbable que las autoridades británicas intentaran recuperar militarmente las islas, estaban confiados en que Gran Bretaña no entraría en una contienda bélica en territorios tan alejados, y según creían los estrategas de las Fuerzas Armadas argentinas, sin importancia para los intereses británicos. Este error de apreciación fue la razón por la cual la Junta no tenía previsto un plan de defensa de sus posiciones una vez que las islas habían sido tomadas. Por otra parte, confiaban también en que, en caso de un enfrentamiento armado, las fluidas relaciones que la Argentina tenía con el gobierno de Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos, servirían para asegurar, por lo menos, la neutralidad de ese país en la guerra.
Sin embargo, la reacción británica no fue la que habían previsto Galtieri y los otros jefes militares. Los grupos conservadores de aquel país, liderados por la primera ministra Margaret Thatcher, vieron, al igual que los militares argentinos, la posibilidad de utilizar la guerra del Atlántico Sur como un medio para conseguir consenso hacia su política interna. Rápidamente los británicos enviaron una gran cantidad de buques de guerra hacia la zona austral, al mismo tiempo que lograban la solidaridad de los miembros de la Comunidad Económica Europea y el apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y también de la OTAN.
Argentina, por su parte, había conseguido un tibio respaldo de la Unión Soviética y la solidaridad total, aunque no armada, de los países latinoamericanos. El ministro de Relaciones Exteriores Costa Méndez, realizó infructuosas gestiones para lograr el apoyo del gobierno estadounidense, pero no se pudo lograr. Por el contrario poco después de terminada la guerra se supo que Estados Unidos había otorgado apoyo logístico a las tropas británicas.
Inicialmente, el gobierno de EEUU cumplió el papel de mediador entre sus aliados. Sin embargo, la gestión conciliadora, fracasó. La guerra, entonces, apareció como la única opción.
La llegada de los buques de guerra británicos a las islas hizo evidente que los ingleses consideraban que tenían muy poco para negociar con el gobierno argentino. Luego de recuperar sin mayores problemas las Islas Georgias, a principios del mes de mayo, los británicos comenzaron el ataque militar contra las Malvinas.
A comienzos de junio, la infraestructura de combate era considerablemente inferior a la tecnología bélica de los ingleses y las condiciones alimentarias de los soldados argentinos eran pésimas. Pese al heroísmo de nuestros soldados y algunos resultados exitosos de la aviación, el resultado de la guerra iba mostrando la cruda realidad de la derrota argentina.


LA REACCIÓN DE LA POBLACIÓN ANTE LA GUERRA DE MALVINAS.

Al igual que en el apartado anterior, también el sentimiento de la población transitó de la euforia a la desmoralización.
En principio, la actitud triunfalista en el gobierno se extendió a todo el pueblo que apoyó con fervor y entusiasmo el desembarco de la Fuerzas Armadas argentinas en las islas.
El 2 de abril, Galtieri convocó al pueblo a Plaza de Mayo. Desde el Mundial de Fútbol de 1978, los jefes militares no habían tenido otro “baño de multitud”. La sociedad argentina se vio arrinconada contra una paradoja imprevista: el régimen que había sumido el país en una de sus etapas más tenebrosas, ahora aparecía como paladín de una vieja y legítima reivindicación: la recuperación de las Islas Malvinas. Nadie pudo permanecer al margen acerca del tema; muchos se movilizaron de una u otra forma, para expresar su apoyo a la acción militar. Una encuesta registra un 90% de adhesión a los militares.
El pueblo argentino dio un total apoyo a la decisión del gobierno militar, no sólo con su voz sino también donando ropa, joyas, dinero, chocolates y todo que podía ser de ayuda para los chicos de la guerra.
Como contraparte de la euforia que manifestaba el pueblo, sediento de venganza contra la histórica usurpación inglesa sobre nuestro país, se hallaban padres y familias enteras rogando por el regreso de sus hijos; esos hijos que no eran mas que nuestros soldaditos de 1982, desprotegidos, solos, lejos de sus seres queridos, con miedo de ser muertos como mucho de sus compañeros. Algunos de ellos, los que sobrevivían, enviaban cartas a sus familiares y seres queridos, contando la verdad de los acontecimientos. …pensemos en la angustia y desesperación de ellos, tan diferente a la alegría y euforia de todo del resto de la población, que hablaba de un triunfo cercano.
Así, el clima de euforia aumentaba y siguiendo instrucciones oficiales, los medios de comunicación eran los encargados de informar sobre este episodio, con la misma pasión con que se transmite un partido de fútbol y con la misma seguridad de que el partido estaba ganado.
Es así entonces, como la sociedad mantuvo un espíritu triunfalista que era alimentado por los órganos de prensa manipulados por el régimen militar. La censura aplicada a la información sobre el curso de la guerra creó la ilusión de la victoria.
A pesar de todo, como mencioné antes, la inferioridad de combate frente a los ingleses nos llevó lentamente a la derrota y cuando esto no pudo disfrazarse más, los partes oficiales y los medios de comunicación lentamente comunicaron la verdad de lo que estaba ocurriendo, la Argentina estaba siendo vencida.


LA VISITA DEL PAPA JUAN PABLO II.

Ante la extrema gravedad de la situación, el Papa Juan Pablo II decidió viajar a la Argentina, lo cual hacía prever el fin de la guerra.
A principios del mes de junio, antes de la rendición incondicional de las tropas argentinas frente a las inglesas, el Papa llegó a Buenos Aires. Permaneció en el país dos días, durante los cuales desplegó una intensa actividad que comprendió, fundamentalmente, una prolongada entrevista con la Junta Militar con el presidente de la Nación. A su vez celebró dos misas una en Palermo y la otra, en Luján, a las que concurrieron más de miles de seguidores, instando por la paz del país.


LA RENDICIÓN.

Al mismo tiempo que el Papa elevaba sus súplicas por la concordia y la paz ante inmensas multitudes, recrudecía en las Malvinas y en las Georgias la lucha después del desembarco británico en diversos puntos de sus territorios.
El día 14 de junio las fuerzas británicas presionaban con una manifiesta superioridad en armamentos y en efectivos humanos, en las afueras del Puerto Argentino, capital malvinense.
Al promediar la tarde de ese día, el Estado Mayor Conjunto informó que se había acordado un alto el fuego, signado por el gobernador militar argentino en las islas, general Mario Benjamín Menéndez y el comandante de las fuerzas británicas.
La guerra que había durado 74 días, en la que muchos soldados murieron en la lucha en la que la inferioridad de condiciones materiales de las Fuerzas locales fue determinante, había dejado como saldo más de 700 muertos y alrededor de 1500 heridos.
La rendición se produjo ante la posibilidad de <<continuar la resistencia sin producir un estéril derramamiento de sangre>>.


LOS EFECTOS POLÍTICOS DE LA DERROTA.

El día 15, Galtieri convocó a la población a Plaza de Mayo con el propósito de anunciar la rendición y realizar un balance del conflicto. Una multitud volvió a cubrir la plaza, pero esta vez repudió a la dictadura militar y también criticó la irresponsable conducción de la guerra por parte de los militares.
Los partidos políticos de la oposición, hicieron responsables a los militares de haber utilizado la excusa del conflicto para frenar las presiones sociales y mantenerse en el poder. También criticaron la falta de una correcta evaluación de la situación internacional y la actitud negligente con la que los comandantes militares habían enviado a la muerte a jóvenes conscriptos sin experiencia de guerra, mal alimentados y con armamentos de dudosa efectividad.
La concentración en la plaza, terminó con una violenta represión de las fuerzas de seguridad contra todos los presentes.
La derrota de Malvinas provocó una profunda crisis en el régimen militar. El desgaste del gobierno se aceleró y Galtieri renunció en julio de 1982. Por su parte, la oposición política y social reclamaba el fin de la dictadura, la convocatoria a elecciones y la aparición con vida de los detenidos-desparecidos por la dictadura militar.
La salida hacia la democracia ya tenía fecha: octubre de 1983 de la mano del Dr. Raúl Alfonsín.
Por otra parte, la victoria militar de Gran Bretaña, permitió a Thatcher recuperar su capital político y obtener su reelección en las elecciones de 1982.

CONCLUSIÓN

A lo largo de este trabajo traté de exponer todo lo que me pareció más relevante en cuanto a la guerra.
Fue evidente que no estábamos preparados para una guerra en ningún sentido: armas, ropas, psicológica y moralmente, ni entrenados para enfrentar a los británicos. La mala estrategia del gobierno, también nos llevó a la derrota.
A pesar de que este episodio no sirvió de mucho para la Argentina, porque fueron muchos los hombres que murieron y porque las Malvinas siguen siendo “usurpadas”, aunque nuestro sentimiento diga lo contrario, mi hipótesis planteaba algo de positivo: Me parece importante aclarar que la apabullante derrota y la sangre derramada en Malvinas, abrió paso al fin de la dictadura militar y el inicio de un periodo de transición a la democracia, esto fue muy importante para nosotros y mucho más para le generación anterior que sufrió la persecuta, el maltrato y el asesinato por parte de los militares. El terrible costo de la recuperación institucional se encuentra en el fondo del mar (los chicos del Manuel Belgrano) o las turbosas tierras de las Malvinas (los soldados y los oficiales muertos en las islas).
De todos modos, según mi criterio, la Guerra de Malvinas, pudo haber sido evitada, porque se podía haber llegado a un  acuerdo político y no haber terminado en un conflicto bélico.
Otra cosa que me parece importante resaltar, es que unos 270 veteranos argentinos de la Guerra de Malvinas se suicidaron en los últimos 20 años y que la gran mayoría de los sobrevivientes del conflicto con las tropas británicas, hoy con alrededor de 40 años, carecen de empleo y vivienda digna, cuando seria el Estado el que debería hacerse cargo de ellos.

TESTIMONIOS.

Reportaje a uno de los sobrevivientes del Crucero General Belgrano: José Alberto Villalba
1. Desde su punto de vista: ¿por qué ocurrió la guerra? ¿Por qué perdimos?
2. ¿Recibió durante la guerra ayuda de la gente argentina?
3. ¿Cuáles fueron las mayores dificultades que vivieron en la guerra?
4. ¿Cómo vivió la guerra?
5. ¿Usted cree que estaban bien preparados para enfrentar a los ingleses teniendo en  cuenta la tecnología avanzada de ellos?
6. ¿Qué reacción tuvieron cuando les dieron la noticia de que habíamos perdido?

1. a) Desde mi punto de vista, la guerra ocurrió porque el gobierno sabía que si dejaba pasar el tiempo, perdía el derecho de Malvinas y a su vez tapaban la mala conducción y administración del país. b) Creo que perdimos por la mala estrategia del gobierno y de  las Fuerzas Armadas.
2. La gente ayudó pero en sí, no tuvimos conocimiento que se hayan enviado a Nosotros y a Malvinas la ayuda. A pesar de que la gente, donó muchas cosas para los chicos de Malvinas.
3. La mayor dificultad la tuvimos cuando fue bombardeado el crucero
General Belgrano, afuera de la zona restringida y tuvimos que abandonar el barco en       balsas.
4. Yo viví una experiencia con mucha angustia y dolor de la cual no me he podido  recuperar.
5. La mayor parte de nosotros, no estábamos preparados para enfrentar a los ingleses, sabiendo que ellos estaban ayudados por Estados Unidos. Nosotros no estábamos equipados, por ejemplo con ropa par frío y armamento, la mayor parte de estos no servía.
6. Cuando me enteré de la noticia, que habíamos perdido, sentí mucha indignación, tuve  bronca, no solo por la noticia, sino por los compañeros que quedaron en el mar y Malvinas.

Distintas encuestas realizadas (ambas docentes)

¿Cómo ocurrió la guerra?

Por ataque inglés, ante la no negociación diplomática.
¿Por qué perdimos?
Por el mal manejo diplomático y por incompetencia del gobierno.
¿Cómo vivió la gente la guerra?
En el momento que sucedía, los medios masivos mentían, sólo cuando terminó la guerra, nos dimos cuenta de las difamaciones.
Viví la guerra con mucha angustia, por ver morir tantos chicos que no estaban  preparados, creo que tenían que resolver el problema los diplomáticos.

* <<Fuimos a Malvinas sin estar preparados para esa guerra.>>-Teniente general Martín Balza, jefe del Ejército Argentino y ex combatiente de esa guerra, abril de 1996.
* Los chicos de la guerra. “ Ya en Malvinas distribuyeron raciones para diez días, pero se nos prohibía comerlas alegando que éstas eran para el caso de que entráramos en combate. Tener estas raciones era como sacarte la lotería; por su parte, la comida caliente que nos suministraban consistía en agua caliente con dos o tres fideos. Mi sección se tuvo que quedar en el aeropuerto para carga y descarga, tuvimos que pasar la noche a la intemperie mientras los oficiales y suboficiales, por supuesto, la pasaban en las instalaciones del aeropuerto… Ya en las afueras de Puerto Argentino tomamos posiciones. Cavamos nuestras trincheras, que eran de 1,20 por 3 metros. Tratábamos de acondicionarlas porque las características del suelo de Malvinas hacían que se llenaran de agua en un corto tiempo. La vida allí era muy dura. Porque además de las dificultades de comida, tampoco conseguíamos agua. Lo terrible era que frente a estas privaciones vi a compañeros estaqueados, a la intemperie bajo el frío, debido que fueron a pedirle al teniente a cargo mas comida. El teniente interpretó que habían abandonado su puesto y los consideró como traidores a la patria; por eso los estaqueó. Esta situación se repetía corrientemente… Teníamos la misma información que el resto del país, así que la mayoría del tiempo pensamos que íbamos ganando. Nos enteramos de que los ingleses habían hecho cabecera de playa, que seguían avanzando, pero nosotros igual íbamos venciendo, según nos decían.”  Ex combatiente Héctor A. Garompolo, 1983.

BIBLIOGRAFÍA.

Para realizar este trabajo utilicé distintos libros, textos y fascículos.

• Alonso, M. E., Vazquez, E. C. HISTORIA –La Argentina contemporánea 81852-1999). Buenos Aires, Editorial Aique, 2000.
• Cesarini Hnos. Argentina desde 1832 y el mundo contemporáneo. Buenos Aires, 1982.
• Cibotti, Ema. HISTORIA 9 –El siglo XX-. Buenos Aires, A-Z Editora S.A., 1998.
• Destefani, Laurio H. Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur ante el conflicto con Gran Bretaña. Buenos Aires, Editora Edipress, 1982.
• El gran libro de Clarín.
• Enciclopedia CLARÍN (tomo 16). Buenos Aires, Visor S.A., 1999.
• Enciclopedia de Historia Argentina. Buenos Aires, Clarín, 2002.
• Fontana, Andrés. De la crisis de Malvinas a la subordinación condicionada. Conflictos intramilitares y transición política en la Argentina. Buenos Aires, Cedes, 1985.
• López, J. L. La Guerra de las Malvinas, norte- sur, frente a frente, en los hechos políticos del siglo XX. Buenos Aires, Hispanoamérica, 1985.
• Thompson, Ancrés. Las luchas sociales en la Argentina (1976-1983). En: Cheresky, I. y otro (comp.). Obra citada.
• Tocuato Di Tella. HISTORIA ARGENTINA –desde 1830 hasta nuestros dias-. Buenos Aires, Editorial Troqvel, 1995.
• Vazquez de Fernandez, Silvia. El mundo/ America Latina/ La Argentina –desde fines del     sigloXIX hasta el presente-. Buenos Aires, Kapelusz Editora S.A., 1998.

CUENTO DE CIENCIA FICCIÓN

EL PRIMERO Y ÚLTIMO VIAJE DE “EL MAR MUERTO”

La invasión provenía del planeta Uz…

El 5 de junio del año3365, la Computadora Madre detectó a la flota uziana: trescientas mil naves de combate deslizándose en la oscuridad del espacio, avanzando sigilosamente, ocultándose en la luz que irradiaban estrellas distantes. La última guerra entre la Tierra y el planeta Uz había tenido lugar quinientos años atrás y, desde entonces, no se habían registrado nuevos incidentes. En aquella ocasión, la derrota había enseñado a los uzianos que la Tierra no era un planeta fácil de conquistar. Sin embargo, el tiempo había pasado y los uzianos –criaturas sumamente inteligentes y de aspecto repugnante, semejantes a ratas sin piel-, ya fuera por temeridad o por una verdadera necesidad de recursos naturales, volvían al ataque. El Consejo Supremo Terrestre tomó rápidamente las medidas defensivas necesarias, pero nadie imaginaba que los uzianos habían desarrollado una nueva tecnología contra la cual las anticuadas naves humanas resultarían inútilies…

Nadie imaginaba que los mil quinientos capitanes encargados de defender la Tierra no podrían detener la amenaza, ni que, finalmente, sería una niña de diez años quien salvaría al planeta.

Esta es la historia de esa niña.

La niña se llamaba Gwendolin O´Dowelin y era la única hija del famoso capitán Brimus O´Dowelin. Gwendolin era una chica delgada, de pelo negro y ojos azules. Brimus la llamaba Wen Lin, nombre que, en chino antiguo, significa “Dama de los delfines”, a pesar de sus frecuentes ausencias, Brimus había puesto especial atención en la educación de su hija. Gwendolin vivía con dos cyborgs: el primero de ellos era un cyborg clase Q, un educador. Se llamaba Profesor y se encargaba de la educación formal de la niña. Con él, Gwendolin aprendía Matemática, Física Atómica, Historia Interestelar y Terrestre, Literatura Interestelar y Terrestre, Biología, Programación, Chino, idiomas antiguos como Español, Francés e Inglés, además de lenguas extraterrestres. El segundo robot era un cyborg clase K, un sustituto. Su nombre era Padre y se trataba de una réplica exacta del capitán Brimus. La función de Padre era reemplazar al capitán durante sus largas ausencias. Estaba programado para brindar amor y guiar moralmente a Gwendolin, como así también para entrenarla en el terreno de sus capacidades especiales. Gwendolin era, al igual que muchos niños en aquel tiempo, telépara. Para ser exactos: Gwendolin era teocelépata. Un teocelépara es un telépata especial, ya que solo puede entablar comunicación con organismos marinos.

Si bien ls capacidades telepáticas eran comunes en los noños, en el año 3365 la Computadora Madre solo tenía conocimiento de la existencia de un teocelépata: Gwendolin O´Dowelin.

Para desarrollar al máximo dichas capacidades, el capitán Brimus había hacho construir en su casa un gigantesco acuario. La habitación de Gwendolin era el centro de ese enorme acuario circular, repleto de una impresionante variedad de criaturas marinas. Gwendolin pasaba gran parte de su tiempo hablando telepáticamente con dichas ciaturas y aprendiendo de ellas. Tenía, sin embargo, predilección por dos delfines, a los cuales había bautizado Aquiles y Héctor.

Poco después de que la Computadora Madre detectara la amenaza, una nave de reconocimientos uziana se estrelló a pocos kilómetros de Nueva Argentina. Recién entonces, los científicos terrestres supieron que debían enfrentarse a un nuevo tipo de arma. La nave estaba construida con un metal desconocido en la Tierra, un metal al parecer indestructible. Nada parecía afectar aquel metal. Las armas que intentaron dañar la nave uziana resultaron inútiles.

Mientras tanto, los quinientos telescopios de la Computadora Madre olfateaban la oscuridad del espacio, siguiendo los mivimientos de la flota invasora, y cincuenta niños teléparas intentaban descifrar el pensamiento del piloto uziano, el cual había sobrevivido al accidente. Nada consiguieron. El uziano estaba provisto de un antilelépara, un gusano que deambulaba por su cerebro y que, al sentir presencias extrañas, clausuraba las neuronas del piloto con diminutos cubos negros semejantes a una noche de niebla.

Los científicos trabajaban día y noche estudiando a la nave uziana.

La Computadora Madre calculó que la invasión llegaría a la Tierra en tres meses.

Si el Consejo Supremo Terrestre no encontraba pronto una arma eficaz para combatir a los uzianos, la Tierra estaba perdida.

La solución provino de un descuido. Y de una taza de sopa.

Uno de los científicos volcó accidentalmente unas gotas de sopa sobre la nave uziana. Ante el asombro genera, el metal se desgarró. Los componentes de esa sopa providencial fueron aislados y, luego de algunas pruebas, se llegó a la conclusión de que aquel metal desconocido era vulnerable al agua salada.

El Consejo Supremo Terrestre construyó una sola nave para combatir la invasión: El Mar Muerto.

La nave era gigantesca. Estaba construida con un material experimental, resistente y maleable a la vez, transparente. En su interior, la nave albergaba millones de litros de agua salada provenientes del Mar Muerto. Podía variar de forma y desplazarse a altas velocidades, pero no llevaba tripulación, ni controles, ni arma alguna, porque era una nave de control telepático, la carcasa de la nave estaba surcada por una intrincada red de filamentos, nervaduras que comunicaban con un cerebro maestro tripartito: un telépata y dos ayudantes.

Solo faltaba un capitán. Ninguno de los antiguos capitanes estaba capacitado para conducir este nuevo tipo de nave sentado en su sillón del Consejo, el capitán O´Dowelin comprendió que El Mar Muerto solo podía ser maniobrada por un teocelépata. Y en la Tierra, solo existía uno: su hija.

Gwendolin aceptó capitanear El Mar Muerto. Eligió como ayudantes a sus delfines. Durante el tiempo que retaba antes de la invasión, fue conectada a la Computadora Madre para aprender todo lo referente a técnicas de combate.

Finalmente, la invasión arribó. Las trescientas mil naves uzianas se desplegaron en abanico sobre la Tierra.

Pero El Mar Muerto los aguardaba.

Gwendolin, conectada a los delfines, ordenó mentalmente ciertas maniobras. Los cerebros de los delfines recibieron la orden y la transmitieron a su vez a la nave. El Mar Muerto tomó la forma de una delgadísima línea de agua de kilómetros de largo y se dirigió hacia la derecha de la flota uziana. La línea de agua se transformó en un gigantesco anillo que envolvió a las naves enemigas. El anillo gira alrededor de la flota y luego se comprimió, hasta que las paredes de El Mar Muerto chocaron contra las naves y liberaron millones de litros de agua salada. Para entonces, Gwendolin y los delfines ya habían abandonado El Mar Muerto en una cápsula que los llevó  de regreso a la tierra, sanos y salvos.

La batalla duró treinta y cinco segundos y fue transmitida por la Computadora madre a toda la tierra.

Y vuelve a transmitirla por la computadora

Y vuelve a transmitirla en la fechas indicadas, para que la humanidad no la olvide.

 

Diego Muzzio (inédito).

CUENTO POLICIAL

La Espera
de Jorge Luis Borges

El coche lo dejó en el cuatro mil cuatro de esa calle del Noroeste. No habían dado las nueve de la mañana; el hombre notó con aprobación los manchados plátanos, el cuadrado de tierra al pie de cada uno, las decentes casas de balconcito, la farmacia contigua, los desvaídos rombos de la pinturería y ferretería. Un largo y ciego paredón de hospital cerraba la acera de enfrente; el sol reverberaba, más lejos, en unos invemáculos. El hombre pensó que esas cosas (ahora arbitrarias y casuales y en cualquier orden, como las que se ven en los sueños) serían con el tiempo, si Dios quisiera, invariables, necesarias y familiares. En la vidriera de la farmacia se leía en letras de loza: Breslauer, los judíos estaban desplazando a los italianos, que habían desplazado a los criollos. Mejor así; el hombre prefería no alternar con gente de su sangre.

El cochero le ayudó a bajar el baúl; una mujer de aire distraído o cansado abrió por fin la puerta. Desde el pescante el cochero le devolvió una de las monedas, un vintén oriental que estaba en su bolsillo desde esa noche en el hotel de Melo. E1 hombre le entregó cuarenta centavos, y en el acto sintió: «Tengo la obligación de obrar de manera que todos se olviden de mí. He cometido dos errores: he dado una moneda de otro país y he dejado ver que me importa esa equivocación».

Precedido por la mujer, atravesó el zaguán y el primer patio. La pieza que le habían reservado daba, felizmente, al segundo. La cama era de hierro, que el artífice había deformado en curvas fantásticas, figurando ramas y pámpanos; había, asimismo, un alto ropero de pino, una mesa de luz, un estante con libros a ras del suelo, dos sillas desparejas y un lavatorio con su palangana, su jarra, su jabonera y un botellón de vidrio turbio. Un mapa de la provincia de Buenos Aires y un crucifijo adornaban las paredes; el papel era carmesí, con grandes pavos reales repetidos, de cola desplegada. La única puerta daba al patio. Fue necesario variar la colocación de las sillas para dar cabida al baúl. Todo lo aprobó el inquilino; cuando la mujer le preguntó cómo se llamaba, dijo Villari, no como un desafío secreto, no para mitigar una humillación que, en verdad, no sentía, sino porque ese nombre  lo  trabajaba,   porque  le  fue   imposible pensar en otro.

No lo sedujo, ciertamente, el error literario de imaginar que asumir el nombre del enemigo podía ser una astucia.

El señor Villari, al principio, no dejaba la casa; cumplidas unas cuantas semanas, dio en salir, un rato, al oscurecer. Alguna noche entró en el cinematógrafo que había a las tres cuadras. No pasó nunca de la última fila; siempre se levantaba un poco antes del fin de la función. Vio trágicas historias del hampa; éstas, sin duda, incluían errores, éstas, sin duda, incluían imágenes que también lo eran de su vida anterior; Villari no las advirtió porque la idea de una coincidencia entre el arte y la realidad era ajena a él. Dócilmente trataba de que le gustaran las cosas; quería adelantarse a la intención con que se las mostraban. A diferencia de quienes han leído novelas, no se veía nunca a sí mismo como un personaje del arte.

No le llegó jamás una carta, ni siquiera una circular, pero leía con borrosa esperanza una de las secciones del diario. De tarde, arrimaba a la puerta una de las sillas y mateaba con seriedad, puestos los ojos en la enredadera del muro de la inmediata casa de altos. Años de soledad le habían enseñado que los días, en la memoria, tienden a ser iguales, pero que no hay un día, ni siquiera de cárcel o de hospital, que no traiga sorpresas, que no sea al trasluz una red de mínimas sorpresas. En otras reclusiones había cedido a la tentación de contar los días y las horas, pero esta reclusión era distinta, porque no tenía término -salvo que el diario, una mañana, trajera la noticia de la muerte de Alejandro Villari. También era posible que Villari ya hubiera muerto y entonces esta vida era un sueño. Esa posibilidad lo inquietaba, porque no acabó de entender si se parecía al alivio o a la desdicha; se dijo que era absurda y la rechazó. En días lejanos, menos lejanos por el curso del tiempo que por dos o tres hechos irrevocables, había deseado muchas cosas, con amor sin escrúpulo; esa voluntad poderosa, que había movido el odio de los hombres y el amor de alguna mujer; ya no quería cosas particulares: sólo quería perdurar, no concluir. El sabor de la yerba, el sabor del tabaco negro, el creciente filo de sombra que iba ganando el patio, eran suficientes estímulos.

Había en la casa un perro lobo, ya viejo. Villari se amistó con él. Le hablaba en español, en italiano y en las pocas palabras que le quedaban del rústico dialecto de su niñez. Villari trataba de vivir en el mero presente, sin recuerdos ni previsiones; los primeros le importaban menos que las últimas. Oscuramente creyó intuir que el pasado es la sustancia de que el tiempo está hecho; por ello es que éste se vuelve pasado en seguida. Su fatiga, algún día, se pareció a la felicidad; en momentos así, no era mucho más complejo que el perro.

Una noche lo dejó asombrado y temblando una íntima descarga de dolor en el fondo de la boca. Ese horrible milagro recurrió a los pocos minutos y otra vez hacia el alba. Villari, al día siguiente, mandó buscar un coche que lo dejó en un consultorio dental del barrio del Once. Ahí le arrancaron la muela. En ese trance no estuvo más cobarde ni más tranquilo que otras personas.

Otra noche, al volver del cinematógrafo, sintió que lo empujaban. Con ira, con indignación, con secreto alivio, se encaró con el insolente. Le escupió una injuria soez; el otro, atónito, balbuceó una disculpa. Era un hombre alto, joven, de pelo oscuro, y lo acompañaba una mujer de tipo alemán; Villari, esa noche, se repitió que no los conocía. Sin embargo, cuatro o cinco días pasaron antes que saliera a la calle.

Entre los libros del estante había una Divina Comedia, con el viejo comentario de Andreoli. Menos urgido por la curiosidad que por un sentimiento de deber, Villari acometió la lectura de esa obra capital; antes de comer, 1eía un canto, y luego, en orden riguroso, las notas. No juzgó inverosímiles o excesivas las penas infernales y no pensó que Dante lo hubiera condenado al último círculo donde los dientes de Ugolino roen sin fin la nuca de Ruggieri.

Los pavos reales del papel carmesí parecían destinados a alimentar pesadillas tenaces, pero el señor Villari no soñó nunca con una glorieta monstruosa hecha de inextricable: pájaros vivos. En los amaneceres soñaba un sueño de fondo igual y de circunstancias variables. Dos hombres y Villar entraban con revólveres en la pieza y lo agredían al salir del cinematógrafo o eran, los tres a un tiempo, el desconocido que lo había empujado, o lo esperaban tristemente en el patio y parecían no conocerlo. A1 fin del sueño, él sacaba el revólver del cajón de la inmediata mesa de luz (y es verdad que en ese cajón guardaba un revólver) y lo descargaba contra lo hombres. El estruendo del arma lo despertaba, pero siempre era un sueño y en otro sueño tenía que volver a matarlos.

Una turbia mañana del mes de julio, la presencia de gente desconocida (no el ruido de la puerta cuando la abrieron) lo despertó. Altos en la penumbra del cuarto, curiosamente simplificados por la penumbra (siempre en los sueños de temor habían sido más claros), vigilantes, inmóviles y pacientes, bajos los ojos como si el peso de las armas los encorvara Alejandro Villari y un desconocido lo habían alcanzado, por fin. Con una seña les pidió que esperaran y se dio vuelta contra la pared, como si retomara el sueño. ¿Lo hizo para despertar la misericordia de quienes lo mataron, o porque es menos duro sobrellevar un acontecimiento espantoso que imaginarlo aguardarlo sin fin, o -y esto es quizá lo más verosímil- para que los asesinos fueran un sueño, como ya lo habían sido tantas veces, en el mismo lugar, a la misma hora?

En esa magia estaba cuando lo borró la descarga.

El Estudio de las Ciencias Sociales

Estudiar Ciencias Sociales

 

A lo largo de este año, vas a estudiar temas y problemas relacionados con el presente y el pasado de la Argentina.

Uno de los objetivos más importantes de las Ciencias Sociales es ayudarte a conocer y comprender las relaciones que existen entre el pasado y el presente de la sociedad. Esto es muy importante para poder explicar la organización actual de nuestro país y conocer las causas de los problemas y los conflictos de la realidad contemporánea.

 

 

LA HISTORIA: PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE EL PASADO DE LA SOCIEDAD

 

El pasado en el presente

Aunque tal vez no lo hayas notado, todo el tiempo nos hacemos preguntas sobre el pasado. ¿A qué aluden los nombres de las calles?, o bien, ¿qué hicimos ayer?, ¿por qué lo hicimos?, ¿qué resultados tuvo lo que hicimos? Y no sólo eso.

También nos cuestionamos acerca de las acciones de los otros y de los efectos que eso ocasiona. Por ejemplo, ¿por qué nuestro amigo se olvidó de nuestro cumpleaños? Reflexionamos sobre el pasado buscando respuestas para estas y otras preguntas porque  sabemos que, al menos en parte, ello nos permite saber quiénes somos, por qué somos como somos y por que estamos como estamos.

 

Las preguntas de los historiadores

Así como todos nos hacemos preguntas sobre el pasado, los historiadores se dedican a investigar qué fue lo qué pasó en el transcurso del tiempo. ¡Atención! Ellos no aprenden de memoria cada uno de los sucesos, ¡eso sería aburridísimo! Los historiadores se formulan preguntas acerca del pasado para encontrar explicaciones. Por eso, buscan causas, es decir, intentan comprender por qué sucedieron los hechos. También analizan las consecuencias, o sea, qué cosas se modificaron y cómo a partir de esos hechos. Y al hacer este trabajo, observan que muchas cosas cambiaron bastante, algunas menos, y otras, en cambio, se mantuvieron casi sin alteraciones.

Cuando los historiadores deciden estudiar un tema, lo primero que hacen es leer toda la bibliografía al respecto.

 

 

LA GEOGRAFÍA: SU LUGAR EN LAS CIENCIAS SOCIALES

Del conjunto de múltiples temas y problemas que estudian las ciencias sociales, la Geografía se ocupa especialmente de los vinculados con el territorio y con el ambiente.

Muchas veces suele pensarse que la tarea principal de los geógrafos es la construcción de mapas o la elaboración de atlas, y que sus conocimientos tratan sobre los ríos, las montañas, el clima. Si bien es cierto que los geógrafos utilizan mapas y planos, y trabajan con información referida a los elementos de la naturaleza, su tarea abarca mucho más que eso. El objetivo principal es comprender y explicar las relaciones entre la sociedad y la naturaleza y también las formas en que la sociedad construye y organiza el territorio. Algunas de las preguntas de los geógrafos tratan de responder con sus estudios son, por ejemplo: ¿Qué recursos naturales se utilizan un territorio? ¿Por qué un área de selva se transforma en un área de cultivo? ¿Cómo están organizadas las ciudades? ¿Cómo vive la población de un lugar? ¿Cómo está organizada la red de transporte de una región?

Los trabajos de los geógrafos permiten conocer cómo se van transformando, a lo largo del tiempo, los territorios donde habita una sociedad; por ejemplo, estudian qué elementos del paisaje permanecen y qué elementos cambian, quienes llevan a cabo las nuevas construcciones de un lugar, por qué lo hacen, etc.

También los trabajos de los geógrafos ayudan a entender las acciones de aquellos grupos de personas que participan en la construcción de los territorios. Así, estudian las razones que llevan, por ejemplo, a los representantes del gobierno provincial a construir un puente, asfaltar una ruta o ayudar, a través de distintos proyectos, al desarrollo de la agricultura o la actividad pesquera.

Para realizar sus estudios, los geógrafos muchas veces viajan al área en cuestión, toman fotografías, recogen información de los pobladores, buscan otros datos en libros y documentos, consultan y elaboran mapas y planos, interpretan la información numérica, etc. Luego procesan toda esta información y redactan informes en los que comunican los resultados.

 

Los seres humanos dejamos huellas

El estudio del pasado no es una tarea sencilla. ¿Cómo hacen los historiadores para reconstruir el pasado, si no fueron testigos de los hechos que estudian?

En sus investigaciones, estos profesionales recurren a los testimonios o huellas que dejaron los hombres que vivieron antes que nosotros. ¿Te imaginás cuáles pueden ser? Pues bien, con sólo observar a nuestro alrededor, podemos enumerar una gran cantidad de elementos producidos por nuestros antepasados. Por ejemplo, una carta de amor de la abuela, la carpeta de clases de papá, un álbum de fotos familiar, el monumento a un proceso, y muchas cosas más. Los historiadores llaman fuentes a todos estos rastros que se emplean para reconstruir el pasado.

 

Fuentes de todo tipo

Como acabamos de ver, existen diversos tipos de fuentes. Éstas pueden ser: restos materiales como edificios, ropa, vasijas o muebles; documentos escritos, como libros, cartas y telegramas; fuentes orales, como los relatos de testigos de algún hecho del pasado, y fuentes audiovisuales, como pinturas, fotografías y videos.

¿Qué fuentes conviene utilizar? Ello varía con el tema que el historiador estudie y con las preguntas que se formule respecto de él. Por ejemplo, para comprender las inquietudes que tenía San Martín mientras preparaba el cruce de la Cordillera de los Andes, de nada serviría analizar los pianos y las partituras de las canciones que se escuchaban en esa época. En cambio, sería más útil examinar la correspondencia que San Martín envió y recibió durante ese período.

 

Un trabajo con varios pasos

Los historiadores, pues, no sólo deben definir el tema y las preguntas que desean resolver, sino que tienen que buscar las fuentes apropiadas para abordar su trabajo. Luego, es necesario que elaboren respuestas para sus interrogantes. Finalmente, deben escribir lo que descubrieron acerca del pasado.

 

Representar el tiempo

Para estudiar los hechos del pasado y tratar de comprender por qué sucedieron, es importante ubicar estos hechos en el tiempo. Una forma de realizar esta tarea es construir una línea del tiempo en la que se ordenan los hechos de acuerdo con la fecha en la que ocurrieron. De esta manera, se puede organizar una cronología. Una cronología ordena qué hechos sucedieron antes y qué hechos sucedieron después.

CUENTO DE HORACIO QUIROGA – EL LOBIZÓN

EL LOBISÓN, por Horacio Quiroga

Una noche en que no teníamos sueño, salimos afuera y nos sentamos. El triste silencio del campo plateado por la luna se hizo al fin tan cargante que dejamos de hablar, mirando vagamente a todos lados. De pronto Elisa volvió la cabeza.

            —¿Tiene miedo? —le preguntamos.

            —¡Miedo! ¿De qué?

            —¡Tendría que ver! —se rió Casacuberta—. A menos…

            Esta vez todos sentimos ruido. Dingo, uno de los perros que dormían, se había levantado sobre las patas delanteras, con un gruñido sordo. Miraba inmóvil, las orejas paradas.

            —Es en el ombú —dijo el dueño de casa, siguiendo la mirada del animal. La sombra negra del árbol, a treinta metros, nos impedía ver nada. Dingo se tranquilizó.

            —Estos animales son locos —replicó Casacuberta—, tienen particular odio a las sombras…

            Por segunda vez el gruñido sonó, pero entonces fue doble. Los perros se levantaron de un salto, tendieron el hocico, y se lanzaron hacia el ombú, con pequeños gemidos de premura y esperanza. Enseguida sentimos las sacudidas de la lucha.

            Las muchachas dieron un grito, las polleras en la mano, prontas para correr.

            —Debe ser un zorro: ¡por favor, no es nada! ¡toca, toca! —animó Casacuberta a sus perros. Y conmigo y Vivas corrió al campo de batalla. Al llegar, un animal salió a escape, seguido de los perros.

            —¡Es un chancho de casa! —gritó aquél riéndose. Yo también me reí. Pero Vivas sacó rápidamente el revólver, y cuando el animal pasó delante de él, lo mató de un tiro.

            Con razón esta vez, los gritos femeninos fueron tales, que tuvimos necesidad de gritar a nuestro turno explicándoles lo que había pasado. En el primer momento Vivas se disculpó calurosamente con Casacuberta, muy contrariado por no haberse podido dominar. Cuando el grupo se rehizo, ávido de curiosidad, nos contó lo que sigue. Como no recuerdo las palabras justas, la forma es indudablemente algo distinta.

            —Ante todo —comenzó— confieso que desde el primer gruñido de Dingo preví lo que iba a pasar. No dije nada, porque era una idea estúpida. Por eso cuando lo vi salir corriendo, una coincidencia terrible me tentó y no fui dueño de mí. He aquí el motivo.

            Pasé, hace tiempo, marzo y abril en una estancia del Uruguay, al norte. Mis correrías por el monte familiarizándome con algunos peones, no obstante la obligada prevención a mi facha urbana. Supe así un día que uno de los peones, alto, amarillo y flaco, era lobisón. Ustedes tal vez no lo sepan: en el Uruguay se llamaba así a un individuo que de noche se transforma en perro o cualquier bestia terrible, con ideas de muerte.

            De vuelta a la estancia fui al encuentro de Gabino, el peón aludido. Le hice el cuento y se rió. Comentamos con mil bromas el cargo que pesaba sobre él. Me pareció bastante más inteligente que sus compañeros. Desde entonces éstos desconfiaron de mi inocente temeridad. Uno de ellos me lo hizo notar, con su sonrisita compasiva de campero:

            —Tenga cuidao, patrón…

            Durante varios días lo fastidié con bromas al terrible huésped que tenían. Gabino se reía cuando lo saludaba de lejos con algún gesto demostrativo.

            En la estancia, situado exactamente como éste, había un ombú. Una noche me despertó la atroz gritería de los perros. Miré desde la puerta y los sentí en la sombra del árbol destrozando rabiosamente a un enemigo común. Fui y no hallé nada. Los perros volvieron con el pelo erizado.

            Al día siguiente los peones confirmaron mis recuerdos de muchacho: cuando los perros pelean a alguna cosa en el aire, es porque el lobisón invisible está ahí.

            Bromeé con Gabino.

            —¡Cuidado! Si los bull-terriers lo pescan, no va a ser nada agradable.

            —¡Cierto! —me respondió en igual tono—. Voy a tener que fijarme.

            El tímido sujeto me había cobrado cariño sin enojarse remotamente por mis zonceras. Él mismo a veces abordaba el tema para oírme hablar y reírse hasta las lágrimas.

            Un mes después me invitó a su casamiento; la novia vivía en el puesto de la estancia lindera. Aunque no ignoraban allá la fama de Gabino, no creían, sobre todo ella.

            —No cree —me dijo maliciosamente. Ya lejos, volvió la cabeza y se rió conmigo.

            El día indicado marché; ningún peón quiso ir. Tuve en el puesto el inesperado encuentro de los dueños de la estancia, o mejor dicho, de la madre y sus dos hijas, a quienes conocía. Como el padre de la novia era hombre de toda confianza, habían decidido ir, divirtiéndose con la escapatoria. Les conté la terrible aventura que corría la novia con tal marido.

            —¡Verdad! ¡La va a comer, mamá! ¡La va a comer! —rompieron las muchachas.

            —¡Qué lindo! ¡Va a pelear con los perros! ¡Los va a comer a todos! —palmoteaban alegremente.

            En ese tono ya, proseguimos forzando la broma hasta tal punto que, cuando los novios se retiraron del baile, nos quedamos en silencio, esperando. Fui a decir algo, pero las muchachas se llevaron el dedo a la boca.

            Y de pronto un alarido de terror salió del fondo del patio. Las muchachas lanzaron un grito, mirándome espantadas. Los peones oyeron también y la guitarra cesó. Sentí una llamarada de locura, como una fatalidad que hubiera estado jugando conmigo mucho tiempo. Otro alarido de terror llegó, y el pelo se me erizó hasta la raíz. Dije no sé qué a las mujeres despavoridas y me precipité locamente. Los peones corrían ya. Otro grito de agonía nos sacudió, e hicimos saltar la puerta de un empujón; sobre el catre, a los pies de la pobre muchacha desmayada, un chancho enorme gruñía. Al vernos saltó al suelo, firme en las patas, con el pelo erizado y los bellos retraídos. Miró rápidamente a todos y al fin fijó los ojos en mí con una expresión de profunda rabia y rencor. Durante cinco segundos me quemó con su odio. Precipitóse enseguida sobre el grupo, disparando al campo. Los perros lo siguieron mucho tiempo.

            Éste es el episodio; claro es que ante todo está la hipótesis de que Gabino hubiera salido por cualquier motivo, entrando en su lugar el chancho. Es posible. Pero les aseguro que la cosa fue fuerte, sobre todo con la desaparición para siempre de Gabino.

            Este recuerdo me turbó por completo hace un rato, sobre todo por una coincidencia ridícula que ustedes habrán notado; a pesar de las terribles mordidas de los perros —y contra toda su costumbre— el animal de esta noche no gruñó ni gritó una sola vez.

 

Publicado originalmente en Caras y Caretas, el 14 de julio de 1906.
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Ficha para caracterizar cuentos

Nombre:

 

Título:

Espacio = Donde:

En la tierra

En otra parte

En la vida diaria ordinaria

En nuestro país o en otro

En una región poco conocida

Otro planeta

Nave espacial

Otro (precisar)

 

 

 

 

 

 

 

Tiempo = Cuando

Presente

Pasado terminado

Pasado no terminado

Futuro

 

 

 

 

 

Personajes = Quien

Hombres

Fenómenos

Como nosotros

Delincuentes

Policías o detectives

Superhombres

Monstruos

Extraterrestres

 

 

 

 

 

 

 

Sociedad

Jerarquía = poder organizado

Sociedad de iguales

Otra (precisar)

Feudalismo

Imperio

Gobierno del pueblo

Otra

 

 

 

 

 

 

 

Acción

Tonalidad

Investigación

Enigma

Descubrimiento

Miedo o terror

Cómica

Triste

Otra (precisar)